Por Valentín Varillas
Morena no sólo tendrá que afinar sus proceso internos para evitar que auténticos delincuentes se cuelen en su oferta electoral, también sus asesores y expertos en marketing político se verán en la necesidad de llevar a cabo una reingeniería absoluta de la narrativa con la que pretendan sumar votos en las urnas.
Y es que, con la defenestración de Rubén Rocha, muere también el manejo mediático- político del tema Genaro García Luna.
Ya no hay la credibilidad necesaria para seguirlo utilizando como columna vertebral para el diseño de un discurso de campaña.
Uno de los liderazgos principales del oficialismo tiene fincados procesos legales en los Estados Unidos por ligas con el cártel de Sinaloa, tal y como sucedió con quien fuera el Secretario de Seguridad Pública en el sexenio de Felipe Calderón.
El gobierno de Donald Trump, simplemente los igualó, matando de paso a la gallina de los huevos de oro en términos de rentabilidad política y posicionamiento de imagen.
Y de qué manera.
Aniquilado está también aquel eslogan del “no somos iguales”, que le sumó en su momento millones de votos a los candidatos de la 4T.
El caso del gobernador Rocha no es aislado y tampoco será el único.
Se trata apenas de una modesta probadita de todo lo que se viene.

Y entonces, habrá seguramente más elementos para concluir que, en estos tiempos de supuesto cambio político en México, siguen existiendo auténticos narco-gobiernos.
Perversas sociedades con la delincuencia organizada, con el objetivo único de entregarles el país a cambio de recibir millones y millones de dólares.
Como antes, como ahora, como siempre.
Todo sigue igual, únicamente han cambiado los protagonistas de la historia y el papel que desempeñan en la trama.
Los “malos” siguen aquí, llevan más de cuatro décadas metidos hasta las mismas entrañas de las instituciones públicas del Estado mexicano, con la descarada complicidad de los gobiernos en turno.
Extirparlos, como auténticos tumores cancerosos, supone llevar a cabo una serie de cirugías mayores, muy importantes e invasivas, que seguramente serán practicadas por cirujanos gringos, ante la falta de voluntad de los que ejercen aquí.
Qué vergüenza.
Muy soberana, independiente y libre, pero vergüenza al fin.
Los estrategas del oficialismo tendrán que reinventarse.
Ensayar cosas completamente nuevas, diferentes, para intentar mandarle el mensaje a su voto duro de que no se equivocaron al momento de optar por la continuidad de este grupo político.
El reto es mayúsculo, muy grande, casi titánico.
Aquello de la “honestidad valiente”, ha quedado ya sin efecto.
Es más, se ha convertido en una monumental burla.
A ver ahora qué se les ocurre.
Tienen cada vez menos materia prima valiosa de la que echar mano.
Y lo que falta.


