29-04-2026 07:04:27 AM

El secuestro de las instituciones

Por Valentín Varillas

 

En su estrategia de control absoluto, Rafael Moreno Valle tomó por asalto los organismos electorales.

Con paleros como Jacinto Herrera Serrallonga, Dhalel Lara o Víctor Cánovas, hizo y deshizo a placer con tal de generar las condiciones idóneas para garantizar la continuidad de su grupo en lo más alto del poder político.

Su actuar fue de un descaro absoluto.

Qué mejor ejemplo de su tramposo accionar, que el tristemente caso del Hotel MM, en plena coyuntura electoral del 2028.

Un auténtico laboratorio electoral clandestino, desde donde se operó uno de los fraudes más grandes y escandalosos en la historia de la democracia mexicana.

Había actas originales, listados nominales y paquetería electoral que, por ley, debía estar bajo resguardo exclusivo del Instituto Electoral del Estado.

Se descubrió también un centro de procesamiento de datos con computadoras y personal que operaba las actas en tiempo real, lo que probaba que, desde Casa Puebla, se había gestado una elección estado.

Herrera Serrallonga fue incapaz de explicar el por qué ese material había quedado fuera del control del instituto a su cargo.

Las razones por las que se encontraban en manos de personajes directamente ligados al morenovallismo, de sobra conocidos por su eficacia como “mapaches electorales”.

Igualmente, quedó en evidencia que las instancias encargadas de la seguridad pública, a nivel municipal y estatal, habían sido volcadas a proteger contra viento y marea esta sofisticada estructura electoral, paralela a la oficial.

Un auténtico cochinero, descubierto en flagrancia, en vivo y en tiempo real, apenas un par de días después de aquella elección.

Una pequeña probadita del manejo y traslado irregular del material electoral.

De cómo se violó de manera sistemática la supuestamente intocable cadena de custodia, con su consecuente alteración de votos.

Los que actualmente se asumen como puristas de la democracia, fueron en su momento cómplices o directamente beneficiados de estas monumentales irregularidades.

Y los que en ese tiempo se rasgaron las vestiduras ante estos hechos, hoy buscan la infiltración de incondicionales en los organismos electorales, buscando contar con una ventaja competitiva para enfrentar los próximos procesos.

Nada cambia en el fondo, sólo hay mutaciones en la forma.

Los villanos de ayer son las víctimas de hoy y viceversa.

Es evidente que en esencia, nos han demostrado de sobra que, cuando se trata de tener y conservar el poder, todos son exactamente iguales.

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