16-05-2026 03:03:27 PM

La hora de Sheinbaum

Por  Valentín Varillas

Llegó la auténtica prueba de fuego para la presidenta de la República.

Aparece formalmente a un año y medio del inicio de su sexenio, pero en términos beisbolísticos, el caso Rocha Moya era un strike cantado.

Ella lo sabía de sobra y desde el primer día.

Es evidente que, en términos de política real, se preparó de sobra para afrontarla.

Cuidando el discurso, las formas, a veces hasta los obsoletos protocolos de la cortesía política, pero tomando en corto acciones concretas para su inevitable deslinde.

En octubre del 2024 publiqué una columna sobre el tema, que hoy me parece prudente recordar en el contexto de los hechos:

El sello personal de gobernar

Con Claudia Sheinbaum como presidenta, la realidad y el futuro del gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha han dado un giro radical.

Completamente distinto al que se vivía en la recta final de la administración de López Obrador.

Los recientes dictámenes de la Fiscalía General de la República así lo demuestran.

Esos que, lejos de protegerlo, lo incriminan directamente en el secuestro de “El Mayo” Zambada y el asesinato de Melesio Cuén.

En el sexenio anterior, no hubo la voluntad de entrarle al tema a pesar de las contundentes pruebas que incriminaban al mandatario estatal.

Recién detonado el escándalo, de inmediato se convirtió en materia prima valiosa para medios de comunicación redes sociales y los cuestionamientos de algunos reporteros asistentes a las anteriores mañaneras.

AMLO siempre le dio a vuelta.

Jamás quiso entrarle de lleno a un asunto de gobernabilidad para el país: la implicación directa de un gobernador con la operación de los grupos delictivos más importantes en esta zona del país.

Ahora, la realidad es completamente distinta.

La postura de la FGR lo cambia todo y adelanta que llegará hasta el fondo del tema, sin importar las consecuencias.

Y no puede haber marcha atrás.

De esta manera, es evidente que los días – o quizás las horas- de Rubén Rocha como gobernador están contadas.

Resulta ya insostenible, para la presidenta actual, no para el ex presidente, su permanencia en el cargo.

Y así, poco a poco iremos viendo esta especie de deslinde.

Que no será público ni a través de pleitos o escandalosas declaraciones –como el morbo de la masa lo pide- sino con acciones concretas de gobierno.

Ya lo verá.

Es una ley natural, elemental, básica, en el ejercicio del poder.

Ese que se ejerce de forma individual, única, que no se transfiere ni se comparte.

Que no le quepa duda: en el fondo y no en la forma, tenemos presidentA en toda la extensión dela palabra.

Hasta aquí la muy larga, pero necesaria cita

Al momento de escribir estas líneas no se sabe cómo la jefa del ejecutivo federal le ha entrado al tema desde la narrativa.

Siempre cautelosa, seguramente tratará de no mancillar el concepto de soberanía, de autonomía y libertad, pero al final es un hecho que colaborará hasta el final con las autoridades norteamericanas, en el proceso legal que siguen en contra del todavía gobernador de Sinaloa.

En la disyuntiva entre proteger a políticos ligados al narco o a los gobernados a los que se debe, no puede existir duda alguna, optará por lo segundo.

Convencida o presionada, pero al final lo tendrá que hacer.

A los gringos les encanta aquello de: “por las buenas bien, pero por las malas, mejor”.

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