19-08-2022 06:15:25 AM

Trifulcas Morena

Por Jesús Manuel Hernández

 

Hace muchos años las elecciones constitucionales en el país se vieron manchadas por irregularidades con el único fin de mantener al PRI en el poder. De esas épocas se derivó el calificativo de “mapache” al operador, al responsable de alterar los resultados de las elecciones.

Los poblanos sufrimos esta violencia y manipulación del voto. Muchas anécdotas podrían contarse.

En el pasado se hablaba los días posteriores a las elecciones de las operaciones “Ratón Loco”, “Carrusel”, y se experimentaban robos de urnas, suspensión de votación en casillas donde el PRI iba perdiendo, los desayunos con tamales para organizar a la gente para la jornada, el empleo de perros con agua mineral en la boca intentando hacerlos pasar por rabiosos para alejar a los electores de las casillas, amenazas, voto corporativo, compra de votos, acarreo, todo ello para retener el poder.

Los ciudadanos se cansaron de esas prácticas y un buen día rompieron con el cacicazgo de los mapacheros, el gobierno lo entendió, se cambiaron las leyes, se tuvo acceso a mejores condiciones de credencialización para votar, las urnas fueron transparentes, las boletas de votación foliadas, se crearon organismos electorales al margen de la Secretaría de Gobernación, la federal y las estatales, y entonces los ciudadanos pudieron votar con libertad y decidir quién los gobernaría.

Pero ahora, dada la experiencia del sábado 30 de julio en el país, todo se repite, afloraron las viejas prácticas del PRI para elegir, ahora, en la 4T, a los consejeros de MORENA, en una clarísima carrera rodeada de pragmatismo para obtener posiciones en el intento de retener el poder, el caso de Puebla es simbólico.

En el pasado los nombres de Efraín Trujeque, Rubén del Castillo, Héctor Laug, “El Meme” Garza, Sánchez Moro, Pepe Alarcón, Néstor Gordillo, Pedro Luis Salazar, Omar Blancarte, Sergio Freeman, Gildardo Ayala… y muchos otros, estuvieron relacionados con las operaciones del fraude electoral.

Los nombres quizá ahora sean otros, pero los vicios se parecen mucho a los del pasado, quizá porque los operadores de los grupos de MORENA fueron preparados en el viejo PRI y no saben hacer otra cosa más que ser una especie de “perros de la guerra” de “mercenarios electorales” que se venden al mejor postor.

No hace mucho, el mejor postor fue el morenovallismo, hoy es el “morenismo”.

En el pasado, esos “trabajos” electorales eran recompensados por los ganadores con licencias para portar armas, permisos de taxis, designaciones de inspectores de alcoholes o giros negros en los municipios, agente de tránsito, permisionarios del transporte, etcétera.

Con el tiempo las exigencias fueron mayores, y entonces las recompensas derivaron en hacerse, los ganadores, de la vista gorda para la venta de productos ilegales, ambulantismo, contrabando, robo de combustible y algunas otras lindezas.

En el Barrio de La Huaca, en Veracruz, hay un dicho muy famoso entre las clases populares “dos cagados no se huelen”, y precisamente eso es lo que vimos el sábado en Puebla y en otros estados de la República donde las elecciones internas fueron manchadas con atropellos, trifulcas, robo de urnas, amenazas, compra de votos… todo un cochinero, como el que hace unos años denunciara MORENA Puebla en el “MM Hotel” hasta donde llegaron los “perdedores” a descubrir las maniobras del morenovallismo. Y por lo visto las aprendieron bien.

La frase “no sabe perder, si pierde, arrebata”, bien puede acomodarse a las experiencias vividas y puestas en boga el 30 de julio.

Dos anécdotas del pasado:

En 1978 el PRI poblano buscó elegir al candidato a la Presidencia Municipal de Puebla mediante un método diferente, se permitiría a los militantes votar libremente en una asamblea. Y así se organizó en el recién inaugurado Gimnasio Miguel Hidalgo; dos eran los contendientes, Miguel Quirós Pérez, de viejo cuño priista y el Ingeniero Francisco Sánchez Díaz de Rivera, quien por su buen desempeño en la Junta de Mejoras y Puebla Ciudad Musical, de aquella época, había sido lanzado por el sector privado y la sociedad de Puebla.

La elección fue abierta, se pusieron las urnas frente a todos y empezó a llegar la gente que “se prestó” a ese ejercicio donde los dados resultaron cargados.

Paco Sánchez designó a Francisco González Gatica como su representante, quien sabía mucho de deportes, pero prácticamente nada de operaciones electorales.

En cambio Quirós Pérez, traía toda una estructura preparada y afinada y un grupo de edecanes que se paseaban frente a los electores y representantes de su contrincante con el único fin de “distraerlos”, de evitar que se fijaran en lo que pasaba en las urnas.

Sobre todo una de ellas, quizá la más atractiva, servía el agua, el café y los refrescos a quienes presidían la votación, llevaba una charola y debajo de la charola los votos cruzados a favor de Quirós, mismos que se introducían en medio de la contabilidad al voltear las urnas.

El resultado fue histórico, por unos cuantos votos ganó Migue Quirós.

Una jugada similar le sucedió a Paco Sánchez al siguiente año cuando se efectuaron las elecciones federales en la capital y de donde podría salir el precandidato a suceder a don Alfredo Toxqui.

Por la capital los candidatos eran Ángel Aceves Saucedo, la carta de la CTM, Victoriano Álvarez García, carta de Gustavo Carvajal, Guillermo Jiménez Morales, CNOP y los caciques de Puebla, y Paco Sánchez Díaz de Rivera, el más angelopolitano.

En el segundo corte de la votación, internamente, en la casa de campaña de Jiménez Morales se recibió el informe de que Paco Sánchez estaba por encima de Guillermo lo que supondría un adelanto en la sucesión gubernamental, así que el de Huauchinango ordenó a Efraín Trujeque operar en su favor y así sucedió en aquella elección en el distrito XI y otros “votaron hasta los muertos”, se contaría después.

¿Quién ganó, quién perdió el 30 de julio?

Quizá haya ganado la percepción de que el INE no es tan malo en eso de organizar elecciones y que en México hay una especie de sequía de políticos y abundancia de mugrero electoral.

O por lo menos, así me lo parece.

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