03-12-2021 03:47:43 PM

Heridas abiertas

Por Valentín Varillas

 

No, Eduardo Rivera no olvida la persecución política de la que fue objeto por parte de Rafael Moreno Valle y su grupo.

Al mencionarla en su discurso de toma de protesta como presidente municipal, dejó evidencia muy clara de que el tema sigue más vivo que nunca y que le duele tanto como el primer día.

Lo interesante ahora, será el ver cómo va actuar en consecuencia.

Rivera es ya edil de la capital y no se la debe a nadie.

Mucho menos a quienes en su momento fueron discípulos del ex gobernador poblano.

Este pequeño gran detalle lo pone en una posición muy diferente a la que estaba cuando tuvo que coexistir con Rafael.

Tres años de pesadilla para Rivera Pérez.

De agravios que trascendieron de lo personal a lo institucional.

Ejemplos que demuestran lo anterior, sobran.

“Me la debe, ganó gracias a mí”- era la justificación de quien despachaba en la oficina principal de Casa Puebla.

A la par, los sicarios mediáticos del régimen, hacían lo propio.

Metiéndose sin el menor pudor hasta el círculo más sensible, íntimo, familiar de Lalo, le dieron con todo.

Jamás utilizaron algún argumento periodístico de peso.

Fieles a su patrón, recibieron la orden de sudar en sus espacios una unilateral vendetta personal.

Son los mismos que hoy, desde sus columnas y espacios noticiosos, no tienen empacho en dedicarle vergonzosas loas y alabanzas.

Ya no existe tal deuda con el morenovallismo.

Al contrario.

A través del tradicional pago de cuotas, a algunos les dio espacios en su gabinete o bien forman ya parte del cuerpo edilicio de la ciudad capital.

¿Cuánto durarán?

¿Qué tanta confianza les tendrá realmente el alcalde?

Porque si bien se subieron gustosos al carro de la victoria, en su momento festinaron y celebraron la persecución de quien hoy es su jefe; su nuevo patrón.

Un patrón que, ya vimos, no olvida los viejos agravios aunque tal vez haya aprendido a vivir con ellos.

Sin embargo, más allá de lo que pase en el nuevo ayuntamiento, el verdadero enfrentamiento entre grupos se está dando ya en el proceso de renovación de la dirigencia estatal del PAN.

Y hay que ubicarlo en la lógica del eterno conflicto entre el panismo “auténtico” y el “neopanismo”.

Otra cosa que les duele mucho a Lalo y al resto de los panistas dogmáticos, fue el hecho de que Moreno Valle no solo no les cumplió los acuerdos a los que llegaron para hacerlo candidato a la gubernatura en el 2010, sino que al final, les quitó todo, absolutamente todo.

Hasta el partido que por décadas manejaron a placer, prácticamente sin competencia interna.

Ese que aseguran van a recuperar, a pesar de que en los hechos tienen todo en contra.

El apoyo mayoritario de los militantes blanquiazules está del lado de Genoveva Huerta y suma también el incondicional espaldarazo del CEN que encabeza Marko Cortés.

Rivera tuvo roces con el partido en el proceso de selección del candidato a la alcaldía de Puebla, al grado de que el hoy edil exploró competir bajo las siglas de Movimiento Ciudadano.

Es obvio que en su presupuesto a futuro, Lalo buscará posicionarse rumbo al 2024 y seguramente tendrá que hacerlo con una dirigencia que no solo no la tiene a modo, sino que les abiertamente hostil.

A ver si le alcanza.

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