22-10-2020 04:03:08 AM

Los jaques del Presidente

Por Jesús Manuel Hernández

 

De los gustos y aficiones del Presidente López Obrador han trascendido su apego al baseball, a la comida regional del sureste mexicano, sin vinos ni excentricidades. Poco se sabe si le gusta jugar ajedrez, pero sus actos políticos están enmarcados ampliamente en ser un experto en la estrategia de cantar el “jaque”.

En las campañas anteriores le hicieron mella frases como “al diablo las instituciones”, un asunto que sacado del contexto fue aprovechado exitosamente por sus enemigos.

Pero desde hace dos años Andrés Manuel ha seguido fielmente las reglas del librito del baseball y las recomendaciones de las estrategias del ajedrez.

A los miembros del ejército les ha dado todo lo que nunca soñaron y con ello consiguió el favor de su apoyo y plena lealtad, incluso hay quien lo ve como una alianza estratégica para impedir el surgimiento de un movimiento revolucionario.

A los empresarios que invirtieron en el peñismo, en el Nuevo Aeropuerto, por ejemplo, o financiaron campañas en medios a favor de candidatos de otros partidos e incluso le pidieron a EPN que cambiara de caballo a la mitad del rio y apostara por Ricardo Anaya, para que no ganara AMLO, les tiene cenando de su mano los tamales de chipilín en Palacio Nacional y lo apoyan en privado y públicamente en sus decisiones.

Los certeros golpes a los medios de comunicación han acabado por lograr la polarización y ponen al descubierto las complicidades con el poder de anteriores sexenios donde los intelectuales, periodistas y comunicadores, eran la cuarta columna del poder presidencial.

El desplegado aparecido hace unos días viene a demostrar que los cotos de poder han sido cortados, afectados y como dice el dicho “duele más el pellejo que la camiseta”.

Poco podría alegarse en defensa de los unos y los otros, quienes hemos trabajado en los medios de comunicación sabemos que los dueños piensan primero en el dinero y después en las ideas.

La convocatoria a enjuiciar a los ex presidentes del país quizá sea uno de los eslabones más difíciles de cerrar en esta tarea de la Cuarta Transformación. Poner en el banquillo de los acusados a quienes dirigieron el país, pese a que muchos de sus presuntos delitos estén fuera de tiempo para ser enjuiciados, le permite a López Obrador dar muestra nuevamente de su manejo de estrategia contra el enemigo y dejarlo fuera de combate sin opciones de defensa pública, pues en el fondo, la decisión no es encarcelarlos, sino desprestigiarlos de tal forma que el pueblo le cierre las puertas al surgimiento de otro sistema de complicidades entre el dinero y el poder político.

Pero esta jugada de “jaque” compromete a la que quizá sea la única institución intocable o no alineada con el poder presidencial, el Poder Judicial.

Los magistrados, la Corte, tienen en sus manos avalar o no la solicitud del pueblo y de su dirigente, Andrés Manuel, de dar por válida la consulta popular.

Dicho de otra forma, la Suprema Corte de Justicia ha recibido un jaque difícil de eludir, donde la autonomía de los poderes está en juego, simplemente, una jugada maestra para mandar “al diablo a las instituciones”.

O por lo menos, así me lo parece.

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