16-05-2026 11:30:19 PM

Derbez, el extraño aliado

Por Valentín Varillas

El tema pasó desapercibido en términos mediáticos, pero en lo político llamó mucho la atención.

Poco antes del asesinato de estudiantes en Huejotzingo, el rector de la UDLAP, Luis Ernesto Derbez, fue cuestionado por colegas reporteros sobre la complicada realidad que vive Puebla en materia de seguridad pública.

Lejos de plantear un escenario catastrófico, como se esperaba, debido a su filiación panista, pidió un voto de confianza al gobierno de Miguel Barbosa.

Declaró públicamente que era muy pronto para evaluar la estrategia que se estaba llevando a cabo en la materia y que había que dejar trabajar a quienes hoy tienen la responsabilidad de cuidar a los poblanos.

Ya en plena crisis por los arteros crímenes que afectaron e indignaron a la comunidad universitaria poblana, Derbez ha operado como un efectivo conciliador, en las reuniones que han llevado a cabo rectores de distintas instituciones y el gobernador del estado, para acordar acciones concretas que abonen a la seguridad de los estudiantes.

Este papel de “aliado”, aunque a simple vista pareciera irreal y hasta contradictorio, pudiera tener una explicación lógica: Barbosa y Derbez comparten una aversión real al morenovallismo, lo que al final generó un acercamiento natural.

Y es que, el rector de la UDLAP fue también víctima de los excesos y ataques de Moreno Valle y compañía.

Fue previo al proceso del 2015, poco antes de la definición de candidaturas.

El periodista Álvaro Delgado había publicado en la revista Proceso, que desde el gobierno estatal habían sido víctimas de amenazas, tanto el rector Derbez, como otros altos directivos de la Universidad de las Américas.

La situación era de tal gravedad, que los perseguidos habían solicitado ya la protección de la justicia federal.

El medio y el reportero publicaron el documento que comprobaba lo anterior.

Según los denunciantes, el objetivo de Moreno Valle y el de poderosos personajes públicos poblanos era “destituirlos de sus cargos”, cancelarles su cédula profesional y “silenciar su espíritu crítico del sistema”.

La amenaza incluía “campañas de desprestigio por corrupción, desaparición y hasta asesinato”.

Este hecho generó que un grupo de panistas, encabezado por Ana Teresa Aranda, Eduardo Rivera y Francisco Fraile, se reuniera con carácter de “urgente” para establecer una serie de acciones encaminadas a plantarle cara al gobernador y deslindar el uso de la marca PAN al grupo político que representaba el mandatario poblano.

Consideraban que ya había sido suficiente de que todos al interior del partido se dijeran panistas por igual.

Decidieron llevar a cabo un deslinde público y marcar las diferencias entre lo que ellos consideran es el “auténtico panismo” y “un grupo ajeno a la verdadera ideología blanquiazul que había tomado por asalto el partido para hacerse de posiciones políticas de beneficio personal”.

Esto incluía una clasificación de los aspirantes a candidatos a la diputación federal en donde se diferenciaría a los “verdaderos panistas” del resto de quienes pedirían el voto en esa elección.

A aquel encuentro no asistió personalmente el rector Derbez, pero sí un personaje de todas sus confianzas, quién no solo avaló los puntos a tratar en el encuentro de ese día,  sino que confirmó lo publicado por el semanario Proceso.

Como “revancha”, un par de años después, el académico, con el visto bueno de Ricardo Anaya, decidió destaparse públicamente como aspirante del PAN a la candidatura presidencial de cara al 2018, desatando la furia de Moreno Valle.

Era evidente que Derbez no tenia la menor oportunidad de amarrar la nominación; se trataba únicamente de desquiciar al ex gobernador poblano, sacarlo de sus casillas y exhibirlo como berrinchudo e intolerante ante la militancia.

Otra historia más que confirma que, en política, un enemigo en común une más que cualquier otra cosa.

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