La orfandad conservadora

Por Valentín Varillas

 

El aparente ungimiento de Vicente Fox como flamante abanderado de la oposición a Andrés Manuel López Obrador, ya lo decíamos, obedece a la enorme carencia de liderazgos que existe entre los sectores más conservadores del país.

Están descabezados, se mueven sin estrategia y buscan afanosamente un perfil con potencial para generar contrapesos efectivos al gobierno federal.

Son miembros de grupos influyentes, insertados en diversos sectores de la vida nacional, con capacidad real de operación política y un importante poder económico.

Para quien tenga “proyecto”, resultan en los hechos un apoyo fundamental.

Por eso, en su momento, en el sueño presidencial de Rafael Moreno Valle, ocupaban un lugar de privilegio.

Los asesores políticos del malogrado ex gobernador, sabían perfectamente que el segmento de votantes potenciales que verían con buenos ojos su candidatura presidencial estaba en lo más rancio del conservadurismo.

Ese que se identifica con los gobiernos “fuertes”, que aplastan con lujo de violencia el disenso y que no permiten convertirse en “rehenes” de protestas sociales.

Moreno Valle, en el desarrollo de su gobierno, parece que les hizo un traje a la medida con tal de agradarles.

La “Ley Bala”, el asesinato del niño José Luis Tehuatlie Tamayo, el encarcelamiento y persecución de opositores, son modestos ejemplos de lo anterior.

Acciones que en su momento parecían ser producto de una muy estudiada estrategia de posicionamiento político para agradar a estos sectores.

Quizá por eso, en ese sexenio, se hizo todo lo posible por mostrar la cara más dura del gobierno.

Una absurda apología de violencia, de beligerancia oficial y de control absoluto sobre poderes en teoría independientes, niveles de gobierno supuestamente autónomos e instituciones que tendrían que haber estado ajenas al ámbito de influencia del entonces jefe del ejecutivo.

Parecía que disfrutaban mucho cuando eran etiquetados como parte de un gobierno represor.

Practicaron hasta la saciedad una de las máximas favoritas de su líder: “por las buenas, bien; por las malas, mejor”.

El proyecto presidencial morenovallista no cuajó al final, pero esa fama de gobernante “duro”, aunado a su capacidad de financiar sin problemas una campaña presidencial, lo puso en un momento como favorito para competirle a Morena la presidencia en el 2024.

La muerte, sin embargo, tenía otros planes.

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