19-08-2022 06:36:10 AM

Contexto del surgimiento del Sistema Político Mexicano

Fundado el Partido de la Revolución Mexicana, transcurrido el Maximato y con Lázaro Cárdenas en la presidencia de la República, nuestro país va definiendo el rumbo que llevaría el resto del siglo XX, pero no sin ser afectado por los acontecimientos que venían convulsionando al mundo de entreguerras.

Cuando en Rusia el marxismo-leninismo -mediante violencia extrema- se consolidaba en el gobierno, en Alemania la socialdemócrata Republica de Weimar (socialista light) se debatía en una profunda crisis económica y social, en Italia surgían el liderazgo de Benito Mussolini y el fascismo, en España se confrontaban con extrema violencia dos concepciones del mundo, en Asia Japón desarrollaba su papel de potencia predominante y en Estado Unidos se suscitaba la mayor crisis económica de los tiempos modernos con el crack financiero de 1929… se iban dando las condiciones para desatar la Segunda Guerra Mundial.

La Gran Depresión

La Gran Depresión, como se conoce a la mayor crisis económica registrada en el siglo XX, tiene sus orígenes en los desajustes que resultaron de la Primera Guerra Mundial.

Causó más de 9´000,000 millones de muertos, 6´500,000 inválidos, 8´000,000 de huérfanos y una brutal destrucción de la infraestructura y equipo. La riqueza de los países disminuyó notablemente: Francia perdió más del 30%, Alemania cerca del 25%, Inglaterra el 32%, Italia el 26%. España, Brasil y Argentina, como países neutrales fueron proveedores de los beligerantes, pero al concluir la guerra ven caer los precios de sus productos y frenadas sus exportaciones. Japón y Estados Unidos conquistan los mercados que había dominado Europa y emergen como grandes potencias económicas y militares.

El gasto bélico se financió agotando las reservas, con deuda pública (créditos de la banca norteamericana, principalmente) y emisión de moneda, lo que desató a la inflación, más aún en Alemania que debió pagar indemnizaciones de guerra (lo que terminó de hacer apenas el 3 de octubre de 2010). Se modificaron las fronteras y con ello se alteró la economía de muchas regiones perdiendo eficiencia y la disminución de la población contrajo la demanda que también se vio afectada por la disminución del ingreso de las familias.

Dado que los hombres fueron reclutados por los diferentes ejércitos, las mujeres ingresaron masivamente al mercado laboral, lo que modificó sustancialmente usos y costumbres. Se cuestionó a los modelos político, social y económico que se venían gestando a raíz de la Revolución Industrial, y esto se refleja intensamente en el arte en movimientos como el expresionismo y el surrealismo.

La Democracia se consolidó como lo políticamente correcto entre los “países avanzados”, aún en las monarquías sobrevivientes (Gran Bretaña, Bélgica, Holanda, Suecia, Noruega, Dinamarca, Luxemburgo, Liechtenstein, Mónaco y Andorra, ininterrumpidamente hasta la fecha; España con intervalos; a consecuencia de la Segunda Guerra Mundial desaparecieron los tronos de Italia, Albania, Yugoslavia, Hungría, Rumania y Bulgaria y más tarde el de Grecia), pero el comunismo en Rusia y su barbarie afectaría negativamente al avance de los radicales en el continente europeo.

Al finalizar la guerra Estados Unidos -que no fue desbastado- experimentó un acelerado desarrollo y se constituyó en eje de la vida económica mundial. La bonanza generó optimismo y ambición que fueron incitadas a la especulación bursátil. La Bolsa de Nueva York sufrió una artificial alza en sus cotizaciones generando “utilidades” estratosféricas en unos cuantos días, la gente se endeudó con la banca para comprar acciones y ante el brutal desplome del 29 de octubre de 1929 (el martes negro), cientos de miles de personas perdieron todo, o casi todo, y al caer en la insolvencia arrastraron a los bancos que les habían prestado, cuya quiebra arruinó a muchos ahorradores que no se habían dejado seducir por la ficción bursátil. La política monetaria de Washington agravó aún más la situación, de manera que en 1932, los títulos tenían un 15% de su valor de 1929, uno de cada cuatro trabajadores norteamericanos estaba desempleado y su crisis había cundido por todo el mundo.

Ningún país sufrió esto como Alemania bajo la República de Weimar, que incapaz de controlar la inflación y el desempleo, sufrió incluso la ocupación militar del Ruhr por Bélgica, Francia e Inglaterra. El descontento favoreció al movimiento nacional-socialista de Adolf Hitler.

El Fascismo

Surgida formalmente en Italia en 1922, esta corriente ideológica se niega a ubicarse a sí misma en la izquierda o en la derecha (si bien las izquierdas radicales de todo el mundo usan peyorativamente el término para denostar a quienes se les oponen y encasillarlos como de extrema derecha), y se caracteriza por  exaltar la idea de nación antes que individuo o clase, mediante un régimen centralista y suprimiendo a sus opositores, manejando con gran eficacia los nuevos medios de comunicación -como la radio y las avanzadas tecnologías de imprenta- para encumbrar la figura de un líder carismático (como Hitler y Mussolini).

Se presenta como una tercera vía que se opone a la democracia liberal, que habiéndose gestado por los heterodoxos e ilustrados, representaba al modelo político de los vencedores de la Primera Guerra Mundial (Inglaterra, Francia y Estados Unidos), a los que ante la Gran Depresión y el crack financiero de 1929 define como decadentes, pero combatiendo también al comunismo y a la socialdemocracia materializadas por el pensamiento de Marx y los procedimientos de Lenin en Rusia, y en la República de Weimar en Alemania, así como en los movimientos anarquistas que sacudían al mundo y especialmente a Europa.

En síntesis, el fascismo es contrario tanto al capitalismo como al comunismo en sus diferentes acepciones y de diferentes formas, reivindicando valores populares de gran arraigo popular y con respaldo policlasista, exalta al nacionalismo.  En Italia (Fascismo), Alemania (Nazismo), España (Falangismo), Bélgica (Rexismo), Rumania (Guardia de Hierro), Argentina (Peronismo), Perú (Aprismo), México (Sinarquismo), y otros movimientos en estos y otros países.

Es de observarse que los países donde tuvieron éxito los movimientos fascistas se encontraban humillados, ya por la derrota en la Primera Guerra mundial (Alemania, que buscaba culpables), o por el incumplimiento de sus aliados en la victoria (Italia defraudada por la inobservancia del Tratado de Londres), o España postrada por una severa decadencia, derrotas militares y crisis económicas y sociales. En todos los casos, en lo internacional había resentimiento contra los más claros vencedores (Inglaterra y Estados Unidos) y preocupación ante el violento avance del comunismo que mediante el terror se consolidaba en Rusia -sin ocultar sus afanes expansionistas- mientras que en lo interno los anarquistas agitaban a los sindicatos y suscitaban desorden y violencia que impedían el desarrollo.

El fascismo se presenta atractivo tanto entre los trabajadores como ante las clases acomodadas. Todos buscaban una mejora que a la vez restaurara el orgullo nacional. No vulneró a la propiedad privada ni alteró sustancialmente a un modelo de economía de mercado, pero sí hubo una clara rectoría del Estado procurando mejoras a todos los estamentos sociales.

Su trato hacia la Iglesia Católica fue comedido, habiendo firmado sendos concordatos tanto en Alemania como en Italia. Con esta última destacan los Pactos de Letrán o Pactos Lateranenses (11 de febrero de 1929) entre el Reino de Italia y la Santa Sede, dado que ante la unificación italiana los Estados Pontificios habían quedado bajo la soberanía del Estado Italiano desde 1870. A partir de dichos pactos reconoce el carácter de Estado soberano a una porción territorial de Roma, denominados Ciudad del Vaticano.

Por ello sus detractores llegan a usar el término fascismo clerical, en el que destacaron al nacionalcatolicismo español en boga durante el franquismo y con fuerte influencia en los países iberoamericanos y en importantes segmentos del sindicalismo francés, donde ya se daba la «Federación Nacional de los Amarillos de Francia» que así se distinguían de los rojos anarquistas, y cuyo líder Pierre Biètry sostenía que su objetivo era «realizar el renacimiento nacional a partir de la reconciliación de las clases sobre un programa de justicia social» proponiendo la participación de los obreros en la propiedad de los medios de producción o «propietarismo», la colaboración entre trabajadores y patrones con el fin de formar «la gran familia del trabajo», unida por una «inseparable comunidad de intereses», con fuerte influencia de la Doctrina Social de la Iglesia expresada primero en Rerum Novarum y luego en Cuadragessimo Anno.

Sus líderes fueron de diferentes extracciones sociales: algunos aristócratas como Starhemberg, Mosley, Ciano; otros proletarios como Jacques Doriot; militares como Franco, Petain, Vidkun Quisling, Szálasi, Metaxas; juristas como José Antonio Primo de Rivera, Ante Pavelic, Oliveira Salazar, de no muy definido origen pero vertiginoso ascenso como Hitler y Mussolini. Sus seguidores eran principalmente estudiantes idealistas, pequeños empresarios atemorizados por el comunismo y profesionistas independientes en los que se encontraba la intelligentzia del movimiento.

Guerra italo-etiope

Al terminar la Primera Guerra Mundial, Inglaterra y Francia se repartieron el Medio Oriente: Egipto, Palestina, Jordania, Irak, los Emiratos y Kuwait para la primera y Siria y Líbano para la segunda, quedando Italia -su aliada en la guerra- al margen del reparto de los despojos del que fuera el Imperio Otomano. Al encumbramiento del fascismo, Mussolini pregona la expansión del Imperio Italiano y desde Eritrea y Somalia que eran sus colonias, invade a Etiopía que estando en medio de aquellas había mantenido su independencia después de que en 1904 las potencias europeas se repartiesen África. Con ello pretendió dar muestra de fuerza, pero sin atacar directamente a sus rivales en el control del Mediterráneo.

Francia, Inglaterra y Estados Unidos adoptaron la llamada política de apaciguamiento para evitar una guerra con las Potencias del Eje.


 

La Guerra Civil Española

Inmersa en una lenta pero constante decadencia que se patentiza brutalmente con la invasión napoleónica y la independencia de sus más apreciados virreinatos, durante el siglo XIX España siguió convulsionada por las luchas entre radicales y moderados. Una fugaz victoria de los primeros llevó al establecimiento de la Primera República, que sucumbe en poco más de un año cuando en medio de las Guerras Carlistas, los moderados logran la restauración borbónica, periodo que va desde 1874 hasta la proclamación de la Segunda República en 1931.

Disuelta la República, los llamados “partidos dinásticos”, encabezados por Antonio Cánovas del Castillo y Práxedes Mateo Sagasta se alternarán en el poder mediante diversas modalidades de fraude electoral, como los denominados popularmente el pucherazo (de “puchero”, hoya en la que se guardaban papeletas electorales previamente cruzadas a favor de quien ya había sido designado para el cargo a elegir) y los “lázaros” (muertos que resucitan para votar)

El rezago de España ante los demás países europeos es patético. Apenas Cataluña, Asturias, Bilbao y la zona minera de Andalucía presentan algunos signos de incorporación a la Revolución Industrial. Durante el periodo aparecen los movimientos anarquistas (Federación de Trabajadores de la Región Española) y el socialismo a través del PSOE (fundado en 1874). El gobierno combate enérgicamente a los anarquistas especialmente en Cataluña y promulga la Constitución de 1876, cuyo Artículo 11* polariza nuevamente a los actores políticos.

* «La religión Católica, Apostólica, Romana, es la del Estado. La Nación se obliga a mantener el culto y sus ministros. Nadie será molestado en territorio español por sus opiniones religiosas, ni por el ejercicio de su respectivo culto, salvo el respeto debido a la moral cristiana. No se permitirán, sin embargo, otras ceremonias ni manifestaciones públicas que las de la religión del Estado.»

En lo cultural se suscitan interesantes movimientos, como en la arquitectura el Modernismo Catalán, encabezado por Antoni Gaudí y su precursor Ildefons Cerdá, el Regenaracionismo (que analiza con gran seriedad la decadencia española), la Generación del 98 (escritores, ensayistas y poetas profundamente afectados por el Desastre del 98) a la que pertenecieron entre otros Ramiro de Maeztu, Pio Baroja, Azorín, Unamuno, Valle Inclán y Antonio Machado.

El suspicaz hundimiento en Cuba del buque norteamericano USS Maine, desata la Guerra Hispanoamericana en la que la Armada Norteamericana ataca y toma Cuba y Puerto Rico en las Antillas y Filipinas en Asia, lo que en una humillante derrota termina con el imperio colonial español. El episodio es conocido en España como El Desastre del 98. Ante la imposibilidad de mantenerlas, las últimas colonias se venden a Alemania en 1899.

En 1902 asciende al trono Alfonso XIII con Antonio Maura como Jefe de Gobierno, proponiéndose superar los usos y costumbres políticas del pasado (el fraude electoral en sus diversas modalidades) y promoviendo una apertura política que mitigara la presión de los movimientos radicales. En 1904 se da el Reparto de África entre los países europeos y España, que había perdido sus últimas colonias se aplica a lograr el control de Marruecos en la Conferencia Internacional de Algeciras (1906), pero en 1909 son atacados obreros españoles que construían el ferrocarril Melilla/Beni-Buifor, con lo que inicia la Guerra de Marruecos que habría de durar hasta 1927, lo que implicó el envío de tropas al protectorado.

Entre el 26 de julio y el 2 de agosto de 1909 se da la llamada Semana Trágica de Barcelona, que inicia como una huelga en protesta por la gran cantidad de bajas en la guerra. Transcurre pacíficamente, pero es desbordada cuando brigadas anarquistas incendian templos, conventos y escuelas católicas dándose 78 muertes y medio millar de heridos, lo que conduce a la declaración del “estado de guerra” y a la “ley marcial” en función de lo cual son detenidas numerosas personas, cinco de ellas condenadas a muerte y ejecutadas, lo que generó protestas internacionales que a su vez provocaron la dimisión del conservador Maura y el ascenso al poder del liberal Segismundo Moret.

España se mantiene neutral en la Primera Guerra Mundial, durante la que exporta grades cantidades de diversos productos a los países beligerantes, sin embargo la agitación interna no le permitió aprovechar cabalmente oportunidades y ventajas para mejorar las condiciones de vida de su gente, lo que fue restando apoyo al gobierno de los partidos dinásticos y generando simpatías hacia los opositores: PSOE, republicanos, nacionalistas catalanes y nacionalista vascos con el PNV. Durante 1917 (postrimerías de la Primera Guerra Mundial) los anarquistas españoles en consonancia con los de muchos otros países estuvieron especialmente activos suscitando fuertes enfrentamientos con la policía y el ejército, sin que en los años siguientes los sucesivos gobiernos lograsen controlar cabalmente la situación, puesto que la Revolución Bolchevique infundió bríos a los radicales. Hubo trece gobiernos en seis años, incluido el asesinato de Eduardo Dato por los anarquistas, hasta que El Desastre de Annual en Marruecos hace tambalear al gobierno hasta que el 13 de septiembre de 1923 el general Miguel Primo de Rivera da un golpe de estado que triunfa cuando el rey Alfonso XIII le reconoce como la opción para restaurar el orden.

Desde el Desastre del 98 hasta el golpe de estado de Primo de Rivera, los partidos dinásticos manipularon los procesos electorales y se cerraron a las corrientes políticas emergentes, que influidas por lo que sucedía en el exterior (Revolución Industrial e inserción de amplias capas de población a los más avanzados procesos de la humanidad en Alemania, Bélgica, Inglaterra y Estados Unidos, como también el establecimiento del primer gobierno comunista en Rusia) lo que le fue restando apoyos, no sólo populares, sino de actores estratégicos que a su vez se fueron radicalizando.

Primo de Rivera fue apoyado por el Rey, el ejército, el empresariado y los sindicatos verticales, mientras era rechazado por el PSOE y los anarquistas a quienes aplicó censura. Se suspendió la Constitución, se disolvieron los ayuntamientos y se prohibieron los partidos políticos bajo el lema “Poner España en Orden”. Se aplicó a la campaña militar en Marruecos y con el Desembarco de Alhucemas obtuvo el triunfo en la Guerra del Rif (1926), lo que fortaleciéndolo notablemente le permite emprender diversas obras de infraestructura así como plantear medidas de mejoramiento social como la legislación que reguló el trabajo de la mujer, la formación profesional e impulsó la vivienda popular. Creó la Unión Patriótica como aglutinadora de las diversas corrientes políticas y la Organización Corporativa Nacional como sindicato oficialista al estilo revolucionario mexicano o fascista italiano, sin embargo, ante las presiones que siguieron a la Gran Depresión, dimitió en enero de 1930 y a partir de ese momento el objetivo de anarquistas, socialistas y republicanos será la monarquía. A la caída de Primo de Rivera, asume la jefatura de gobierno Dámaso Berenguer y luego Juan Bautista Aznar-Cabañas, que convocó a elecciones municipales para el 12 de abril de  1931 en las que ganan muchos más candidatos republicanos que los afines al Rey, quien al haber prohijado la dimisión de Primo de Rivera, perdió el apoyo de los militares y conservadores.

Ante su victoria electoral y la evidente debilidad del Rey, el 14 de abril de 1931 se proclama la Segunda República Española dimitiendo Aznar y exiliándose el Rey sin abdicar. Asumió el poder un gobierno provisional presidido por Niceto Alcalá-Zamora, después electo presidente de la República, quien en medio de conflictos se alternó en el puesto con Manuel Azaña. Durante el periodo, al modo de los revolucionarios mexicanos, intentan reformas como la agraria y la educativa, que como aquí suscitaron inconformidad y resistencia que se fueron radicalizando hasta llegar al golpe de estado que encabezado por el general Francisco Franco desencadenó la Guerra Civil Española de 1936 a 1939.

La Guerra Civil Española encarnó la lucha entre quienes desde 200 años antes venían socavando a las instituciones que habían dado vigencia a la Civilización Occidental Cristiana bajo la cual se desarrolló el mundo eurocéntrico, y quienes trataban de preservarla.

Al bando republicano le asisten los gobiernos de México y la URSS. La COMINTERN organizó las llamadas Brigadas Internacionales a las que se sumaron algunas personalidades famosas como André Malroux, George Orwell, David Alfaro Siqueiros, Ernest Hemingway, etc. mientras que al bando nacionalista le apoyaron Alemania, Italia, Portugal y la Legión Irlandesa, en tanto que Francia, Inglaterra y Estados Unidos cuyos gobiernos veían con simpatía a La República, declararon oficialmente su neutralidad, porque el radicalismo y barbarie de los republicanos, el apoyo que recibían de la URSS y México, y su afinidad con los anarquismos de sus propios países, hacían que la opinión pública les temiera y rechazara y también porque su involucramiento suscitaría un conflicto de mayores alcances como finalmente sucedió con La Segunda Guerra Mundial.

El gobierno mexicano, presidido por Lázaro Cárdenas apoyó militar, diplomática y moralmente a La República Española, proveyéndola con 20,000 fusiles, 28 millones de cartuchos, 8 baterías y algunos aviones, y asiló a unos 25,000 republicanos, entre ellos a algunos notables intelectuales que mucho aportaron a nuestro país, que también albergó a la República en el Exilio y que nunca reconoció al gobierno de Francisco Franco.

La victoria franquista en España -que no dejó de ser una derrota para Cárdenas- alentó a los católicos mexicanos en su resistencia al régimen revolucionario, surgiendo en ese periodo Los Tecos, el Sinarquismo y el Partido Acción Nacional, mientras que a La Gran Familia Revolucionaria le mueve a pensar sobre los riesgos de radicalizar sus posiciones anticatólicas, de lo que resulta la consolidación de las Relaciones Nicodémicas y una simulación (la Ley existe, pero no se cumple)  que afectó negativamente a la forma de ser y de vivir de los mexicanos del siglo XX.

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