30-11-2021 01:00:26 PM

El peso del voto de castigo

Mucho hemos platicado aquí mismo de uno de los temas que más nos interesan como encuestadores: El análisis de los procesos electorales y la conducta de los electores y su decisión de voto.

         Y lo que hemos percibido en nuestras andanzas de los últimos años en muchos sitios del país (especialmente los Estados del centro-sur) es que un proceso electoral de ninguna manera es igual a otro anterior y mucho menos a otros en otras latitudes. Cada localidad tiene su historia, sus coyunturas y personajes en particular que hacen de su elección un caso específico de análisis. Cuando a nosotros, distintos geniecillos que siempre hay en los partidos, nos intentan convencer que “de acuerdo al histórico de votación, tal o cual casilla es inexorablemente con tendencia para tal o cual partido”, siempre les intentamos a su vez explicar que eso no dice nada, ni necesariamente tiene que ocurrir como si fuera una fórmula matemática. Generalmente se enojan y creen que “no estamos con su candidato”.

         Su problema llega cuando tarde se percatan de que las cuentas no salieron y finalmente pierden la elección.

         Y no obstante, también hay algunos patrones que, aplicados al sitio en cuestión, sí pueden resultar como categorías semejantes en cuanto a conductas de voto se refiere. Es el caso del voto de castigo y su relación con las gestiones locales, en una primera instancia.

         Las personas tienen como ámbito de desarrollo inmediato su localidad, su colonia, su Junta Auxiliar, su Municipio. Es ahí donde trabajan, comen, consumen, mandan a sus hijos a la escuela, se divierten, se enferman. Y por supuesto conocen más o menos a su autoridad local. Y si no la ubican expresamente, por lo menos sí viven cotidianamente los problemas de su círculo cercano de desarrollo (inseguridad, basura, alumbrado, pavimentación, agua, etc.) y saben que ella es la responsable de todos esos temas.

         Por eso, en elecciones locales, la gente tiende a evaluar en forma natural la gestión que está viviendo en ese momento. Es una especie de referéndum a su Alcalde. Por eso, la mayoría de ocasiones (nunca siempre, como ya dijimos… no hay fórmulas inexorables en materia electoral), los votantes premian o castigan al partido del que proviene su autoridad local.

         Si un Presidente Municipal fue trabajador y honesto (esos valores los capta en forma espontánea y natural cualquier ciudadano y más en comunidades pequeñas), lo más probable es que voten por el candidato de su mismo partido (insisto, aunque no inevitablemente, sobre todo si es un mal candidato, poco hábil, con mala fama, etc.). Pero si el Edil saliente no hizo obras para el pueblo, tuvo desplantes de soberbia o desprecio a los que no pensaban como él y un sinnúmero de etcéteras, pues el resultado es que la gente no vote por el partido al que pertenece y busque un cambio.

         Todo lo anterior aplica normalmente para elecciones locales.

         Pero cuando la el proceso comicial es de tipo federal, las cosas son un tanto distintas.

         Para empezar, la elección presidencial no es igual que una elección intermedia para elegir Diputados. La primera desata mucho interés por el exorbitante manejo publicitario de los candidatos. Ahí la gente vota más por la efectividad de la campaña y sus mensajes mediáticos que porque efectivamente conozca o evalúe gestiones o programas de gobierno. La segunda despierta mucho menos el interés de la población, simplemente porque no conoce en realidad qué carambas hace un Diputado, además de su mala fama en cuanto a imagen y reputación en general.

         Pero en ambos casos federales, lo que sí también pesa mucho –demasiado- es nuevamente el llamado voto de castigo. Más por un estado de opinión pública que por vivencias personales, pero es un hecho que así sucede.

         Y es que la población común y corriente no tiene muchos criterios qué evaluar. Por eso se guía en lo que se entera por los medios, rumores o pláticas con amigos y familia.

         Y es ahí donde la situación económica y la percepción de inseguridad preponderan sobre muchas otras cosas (que atribuyen más a sus gobiernos locales, como son los problemas de servicios públicos).

         Bueno. Pues todo este rollo no lleva sino a una conclusión: La actual situación económica (que empeora cada día… ayer hasta el momento de escribir esta columna seguía desplomándose una vez más la Bolsa Mexicana de Valores y Wall Street y el peso otra vez rondaba los 13 pesos por dólar), aunada a la guerra que se traen los distintos cárteles del narcotráfico, pegan a esas dos sensibles percepciones del ciudadano.

         La gente no está contenta. Está preocupada, si no es que angustiada por el aumento en los precios y el fantasma del desempleo. Pero además, aterrorizada por la ola de crímenes, secuestros, robos y violencia en todo el país, que es lo que ve todos los días en los medios. Y naturalmente las personas culpan a Felipe Calderón –aún cuando él no fuera culpable de todo lo que ocurre- de una mala gestión que las daña en los ámbitos que más les afectan en su vida cotidiana.

         Lógico, la hipótesis es que en 2009, cuando quizás estén en sus puntos más críticos el desempleo, los aumentos de precios y el regreso de migrantes de E.U., se llevarán a cabo las elecciones para Diputados Federales.

         No se necesita ser un genio para prever, al día de hoy, que el Partido del Presidente sufrirá un notable voto de castigo por parte de muchos electores y que la mayor probabilidad sea que pierda muchos de los escaños con los que ahora cuenta en San Lázaro.

         Y, paradójicamente, ahora el partido que simboliza “el cambio” es nada menos que el PRI. Al menos, por el momento. Quién sabe si ocurran cosas importantísimas de aquí a julio de 2009 que cambien esta percepción. Al día de hoy, el PAN perdería la mayoría de escaños en esa elección y seguramente los recuperaría el PRI. Sinceramente no creo (insisto mil veces, por el momento) que el PRD sea opción para la mayoría de ciudadanos.

         El PRI cargó con el voto de castigo en 1994-95, por aquella macro crisis de “los errores de diciembre”. ¿El PAN pagará los platos rotos por la macro depresión de 2008?

         Vueltas que da la vida.

         Usted tiene la mejor opinión.

 

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         Nos encontramos por aquí el próximo lunes. Vamos a echar el rollo en Chihuahua este fin de semana. Hasta entonces.

 

jriverp@yahoo.com

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