Por Rosa María Lechuga
Recuerdo el 2018, caminando en Champs Élysées como si fuera ayer: Kylian Mbappé junto con Griezmann, Kanté, Dembélé Pogba, Fekir, Pavard, Umtiti y compañía levantando la copa de futbol, nunca fuimos tan felices como aquella noche del 15 de julio.
El desfile que le siguió a las celebraciones en esa misma avenida fue un fenómeno gigantesco, a tal grado que estuvo a punto de ser cancelado el recibimiento a la selección francesa, campeona del mundo, porque el cerco de seguridad fue superado por el público que llegó de todos los rincones de Francia, desde Dunquerque hasta Toulouse.
Francia, se vanagloriaba en sus valores republicanos: Libertad, Igualdad y fraternidad. Todos éramos hermanos.
Fueron los héroes de una nación que se pretendía en pleno auge tras la victoria de Emmanuel Macron, dando ejemplo al mundo de modernidad y una nueva era.
Pero vino 2022, donde la derrota dejó a un Kylian Mbappé y compañía tristes y desolados que no pudieron esconder su sentir ante una afición que les aplaudimos desde Place Concorde y que les expresamos nuestro apoyo incondicional. Desde el balcón del Hotel Crillon simplemente dijeron “Gracias”.
Ese 19 de diciembre de 2022, los “chicos” de Deschamps también fueron héroes a pesar de que Argentina quedara campeona del mundo.
Sin embargo, en ninguna de las dos ocasiones vi un racismo tan exacerbado contra Kylian Mbappé y compañía como en esta copa del mundo tan criticada y que ha quedado exhibida ante una red de corrupción que dio a conocer el periodista francés, Romain Molina.
A ello se le une la muerte del árbitro holandés Rob Dieperink, el maltrato que se le dio a la selección de Irán, el número de participantes que pasaron de 13 a 48 equipos, el caso omiso de la FIFA por peticiones de sanción contra la federación de futbol israelí, el precio de un boleto para la final por 29,000 dólares, el fenómeno “Anti Messi” que la FIFA e Infantino, no ven, no oyen ni mucho menos escuchan.
Pero, regresemos al racismo, un elemento clave que ha sido muy evidente contra la selección francesa, desde el impresentable de Rajoy hasta Celeste Amarilla, una persona que recibió casa, comida, educación y un lugar en Francia desde su infancia hasta su juventud.
De acuerdo con datos de la OCDE, una de cuatro personas ha sufrido discriminación en el mundo, ya sea por su origen, raza, religión o color de piel. Amnistía Internacional no devela nada nuevo bajo el sol en su reporte 2026, Estados Unidos de América, es el país que autorizó medidas ilegales para establecer políticas migratorias perjudicables, prácticas autoritarias… en la sede de la copa mundial.
Lo curioso es que el racismo no se aplica igual, en el mundo futbolero, de la misma manera. Ya vimos que Quiñones no sólo se ganó a pulso su lugar en México, pero hasta donde recuerdo ni fue víctima de violencia ni de racismo en esta copa del mundo, se volvió el héroe de la nación mexicana. Aunque en la Concacaf del 2024, padeció lo mismo que Mbappé.
Haaland no es noruego y a pesar de ello, la nación vikinga lo ha acogido como un hijo más, y lejos de ser víctima de algún tipo de discriminación o violencia por sus orígenes ingleses, la copa del mundo en su edición del 2026, lanzaron al estrellato internacional al “cyborg”.

Para quien lo niegue, Mbappé ha demostrado ser resultado de la disciplina, perseverancia, honestidad, focalización de objetivos, avanzar sin hacer caso de lo que se murmura. Él, representa a un ser humano cuya trayectoria ha sido marcada por la migración y para bien. Hoy no solo es querido, es admirado y respaldado por millones de personas en el planeta entero, eso le dio el mundial de esta edición.
Nacido en Bondy, una comuna a 9 km de París, es y será siendo el “capitán” del equipo francés, el “niño prodigio” que se volvió leyenda y para mi, el ejemplo de éxito de un francés, hijo de migrantes, que honra a su país y a su familia.

