Por Jesús Manuel Hernández
La mayoría de analistas, observadores, opinadores, al margen de las tendencias y las militancias, coinciden en que los tiempos de campaña política con miras al 2027, se han adelantado notablemente.
Quizá en MORENA sea más visible eso de “los tiempos” debido a la condición para ser candidato, pasar la encuesta, y para entrar en la encuesta hay que ser visible, hay que hacerse notar.
Hace unas semanas en la misa celebrada por los 50 años de sacerdocio de don Víctor Sánchez Espinosa, un jóven, antes militante del PRI, de hecho toda su familia ha estado relacionada a ese partido, se levantó a comulgar y de regreso fue saludando a quienes estaban al lado de la fila. Alguno de los presentes lo criticó, un acto religioso, espiritual, donde el Cuerpo de Cristo es introducido en forma de Hostia a la boca del comulgante fue convertido en reflector social y político.
Quizá ese sea el acto menos sofisticado del manejo de “los tiempos”.
Hay otros más evidenciados, como el obsequio de panfletos, pasquines, abanicos con fotografía, bardas con el nombre del interesado, intervenciones musicales, autógrafos y desplazamientos públicos para capturar las miradas.
O visitar a un personaje clerical y hacerse una foto para subirla a las redes sociales, como si la foto fuera el aval para pretender un cargo de elección popular.
En concreto la clase política “poblanomorenista” está destapada, y la autoridad electoral, no ve, no oye, no se entera de nada.
Pero no solo en Morena pasa, también en el PRI y en el PAN, donde los adelantados se mueven no con menos discreción, más bien con menos dinero, pues el factor económico es un asunto “sine qua non” para cobrar fama.
Las y los aspirantes seguramente cuentan con el permiso de quien tiene la facultad de dejar pasar o impedir el paso, y eso simplemente remonta a tiempos pasados cuando quien se movía no salía en la foto, frase de Fidel Velázquez, hasta que el marketing intervino en las candidaturas y entonces la condición era “moverse”, dejarse ver, ser ajonjolí de todos los moles.
Las consecuencias también son notables, los electores, ciudadanos de a pie, están molestos por lo que califican como “despilfarro”, mientras hay carencias en otros temas, y problemas graves sin resolverse, como la inseguridad y las inundaciones.
A fin de cuentas los poblanos, como el resto del país, estamos viviendo los tiempos de la posmodernidad, envueltos en el algoritmo con disfraz de estrategia de márketing con “ética”.
Pero, como decía Mario Vargas Saldaña “en política no hay coincidencias”, todo debe estar meticulosamente planeado y previsto.
La frase, decía don Mario, se la había escuchado a Jesús Reyes Heroles quien a su vez confió que la leyó de Franklin Delano Roosevelt, más completa: “En política no hay coincidencias… y si las hay, es que están muy bien preparadas”.
Y Puebla es uno de los mejores ejemplos actuales.
O por lo menos así me lo parece.

