08-07-2026 08:39:57 PM

Y la “Chona” se mueve en…París

Por Rosa María Lechuga

 

El primer concierto de Mario Quintero y su agrupación “Los Tucanes de Tijuana” en París, fue un rotundo éxito en pleno verano parisino.

 

Ante poco más de 1,000 personas, el grupo norteño agasajó, complació y enamoró no sólo a la comunidad latinoamericana radicada en Francia, no sólo a los franceses sino a todo una gama de nacionalidades: suizos, japoneses, austriacos, ingleses, entre otras.

 

Fue un homenaje a la selección mexicana de fútbol, donde las camisetas y las alusiones a la copa mundial que se disputa, dejaron ver una afición que no conoce de fronteras ni de nacionalidades.

 

Lo mismo se podían observar las camisetas deportivas de la selección mexicana en todas sus versiones, de Edson Álvarez, de Medina, del Cruz Azul y hasta de los Cabos San Lucas.

 

Gerardo muy emocionado me dice: “Yo seguiré apoyando a mi selección, pase lo que pase, porque soy mexicano y los mexicanos, no tenemos fecha de caducidad, uno apoya para toda la vida, se pierda, se gane, se empate, somos mexicanos de hueso colorado”.

 

También se dejaron ver las playeras de Colombia, de El Salvador, de Honduras, un “melting pot” deportivo donde personas de varios horizontes, convergen teniendo en común la fiebre mundial futbolera.

 

Eres mi amor platónico

 

Así cantaban a todo pulmón, la agrupación norteña con 43 años de trayectoria, en su primer tour por Europa programado para presentarse en Alemania, Inglaterra (Roundhay Festival), Holanda, España e Irlanda, como parte de su gira Tucanes Time 2026.

 

Y aunque toda la audiencia esperaba con euforia “La Chona”, los Tucanes de Tijuana condujeron el viaje musical desde sus antiguos éxitos como “La Ley 57”, “Aventura pasada”, “Alegre y mujeriego”, “clave privada” y éxitos más recientes como “el MZ”.

 

No faltaron ni “El Tucanazo”, “Me gusta vivir de noche”, ni las chamarras con la Virgen de Guadalupe, las máscaras de luchador mexicano, las botellas 1800, los paliacates, los sombreros y cinturones piteados, la quebradita, la víbora de la mar, las caguamas, los taquitos de nopales con chorizo de Lydia de ITACATE, pero sobre todo, las camisetas de la selección mexicana.

 

Era un fervor guadalupano-futbolero que no se podía esconder en una velada francesa norteña.

 

Y de pronto, la Palmaire “se cimbró” al ritmo de “la Chona”.

 

Poco a poco fueron volando los sombreros, dos víboras de la mar se movían entre ese mundo de gente ávida de zapatear, bailar y cantar el (casi) himno mexicano por excelencia tal cual boda de Pahuatlán.

 

No hubo poder humano para doblegar al público y negarle la dicha de bailar con “la chona” dos veces. Ante la insistencia de cantarla, Don Mario Quintero agradeció el cariño y que por casi tres horas de concierto, dijo, “sentirse afortunado por tocar y cantar para los mexicanos en París” complaciendo al público, no sólo con cantarla dos veces, también firmó y posó para los fans que ya lo esperaban, ya entrada la madrugada y a pesar del cansancio por su gira y a tan pocas horas de su partida a Irlanda.

 

Apenas pudimos ensayar y cambiarnos, porque vamos llegando de Amsterdam, pero todo vale la pena para tan bonito público”.

 

Prometió volver con los “Tucanes de Tijuana”. Prometió otro concierto.

 

Tomo mi bus en la madrugada, voy tan contenta cantando el “Tucanazo” frente a Montparnasse, pensando en que pronto, muy pronto estaré cantando: “Yo buscaba tu cariño”.

 

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