25-07-2026 02:39:40 PM

Mañaneras agotadoras…y agotadas

Por Valentín Varillas

Además del poder, Claudia Sheinbaum heredó el escaparate más poderoso de México.

El evento más seguido por los medios nacionales e internacionales, además de las cuentas con mayor influencia en todas las redes sociales

Lo que no pudo heredar fue la capacidad de convertir este enorme escaparate en una auténtica arma política.

Las mañaneras fueron el instrumento con el que Andrés Manuel López Obrador redefinió la relación entre el poder y los medios.

Cada mañana, durante seis años, AMLO llegaba a Palacio a imponer la agenda política y mediática, a hacer pedazos a sus adversarios y a promocionar de forma descarada al partido en el poder .

No importaba si ahí se vendían verdades o mentiras: importaba únicamente el hecho de que él hablaba y todo el país respondía.

Un dominio mediático sin precedentes en la política mexicana. .

Este ejercicio panfletario, que no tiene ni tuvo que ver jamás con un asunto de transparencia o de rendición de cuentas, fue fundamental como herramienta de obtención de votos en las urnas.

Los adversarios del oficialismo jamás fueron capaces de darle forma a un efectivo antídoto que minara en algo su gran influencia.

De manera por demás reactiva, bailaron al son que el presidente les iba marcando, engrosando cada vez más su muy robusto blindaje social.

Hoy Sheinbaum continúa con el formato.

Se planta cada mañana ante los micrófonos y cumple con el protocolo.

Un protocolo que se le impuso y en el que seguramente ya no cree.

Porque de entrada, lejos de generarle beneficios concretos, le empiezan a pesar como una gran losa que lleva sobre sus hombros.

Se le ve cada vez más incómoda, sumamente irritable y menos dueña de sí.

Vive tiempos muy complicados y se le van acabando las salidas.

La narrativa se ha vuelto hueca, cansona, poco realista y sumamente repetitiva.

Andrés Manuel era el mago del engaño, de las salidas por la tangente, de los otros datos, por muy comprometedores y polémicos que fueran.

La presidenta es técnica, ordenada y precisa, pero poco convincente al momento de comunicar.

Y en la política, mucho más a esos niveles, hay que aprender a manejar los equilibrios entre percepción y realidad.

La pregunta relevante no es si Sheinbaum tiene carisma, sino si éste es el formato que más le sirve a su forma particular de ejercer el poder.

El riesgo es que se conviertan en un incómodo trámite que se mantiene por cumplir con los rígidos y muy estrictos protocolos impuestos en el sexenio anterior.

En política, lo que no te suma te acaba por desgastar y la jefa del ejecutivo federal ya lo vive en carne propia, cada mañana, desde esta obligada tribuna presidencial.

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