Por Rosa María Lechuga
Aguanta corazón no seas cobarde
Si te tienes que ausentar, que sea por Dios
No olvides que por lejos que te vayas
No sufres solo tú, sino los dos.
Así comenzó la noche para conmemorar la batalla del 5 de mayo de 1862 en París, que una vez más se organizó en la capital francesa por la asociación Paris- México, su presidente, Nicolás Roldán y su equipo de trabajo, donde los invitados de gala, “Los Invasores de Nuevo León” ambientaron la noche.
Lejos de la patria, existió una batalla que le dio heroísmo y gloria a Puebla de los Ángeles y a toda una nación, cuya conmemoración ha atravesado fronteras para quedarse en tierras francesas.
En Francia, poco a poco se ha dado a conocer y que no pasa desapercibida por la comunidad franco-mexicana radicada -y no radicada- pero también personas de otras latitudes: Japón, Alemania, Portugal, Grecia, Canadá, Irlanda.

La “noche mexicana” donde más allá de la intervención musical del grupo “Los Invasores de Nuevo León” o de la magnífica interpretación de Fernanda y su grupo de mariachis “Mariachido” o del DJ Zapata quienes ambientaron la noche y hasta muy entrada la madrugada, se ha convertido en un espacio para reafirmar la identidad mexicana bajo un contexto migratorio.
En ella, se manifiestan símbolos que lejos de México adquieren más significado que en la misma tierra azteca: una playera tricolor de la selección mexicana, un jorongo, unas botas “Don Chuy”, un escapulario en arte huichol, un brazalete de chaquira, o un rosario de hilo negro tejido en algodón de Tezopotlán.
Al igual que la comida, en una noche “grupera” del 5 de mayo, degustar las conchas de Jacqui, o las tostadas de tinga de pollo de Lydia o los tamales ‘La poblanita”, no sólo forman parte de la gastronomía mexicana.
Se tratan de elementos asociados a un capital social que permea en una sociedad europea y donde la diáspora mexicana logra integrarse a un nivel sociocultural.
Unos símbolos que refuerzan una identidad a pesar de la distancia y que sobreviven entre la nostalgia por México y la expectativa por la nueva vida.
Una biculturalidad que se complementa con conciertos de mariachi en la capital francesa, con exposiciones de artistas mexicanos y ballets folklóricos que presentan durante el mes de mayo, la historia de toda una nación que cumple 200 años de relaciones diplomáticas con Francia.
El calor de México en tierras francesas.
El eterno calor del mexicano.

