28-04-2026 02:46:31 PM

El V13 de Emmanuel Carrère

Por Rosa María Lechuga

Subo al metro en la Louvre Rivoli.

Me escondo en el último vagón y saco el V13.

Leo unas líneas, siento que la garganta se me inunda de tristeza. Pero no puedo dejar de leer. Llego a Place Concorde.

“Tengo que transbordar, ahorita sigo leyendo”.

Subo a la 12, en dirección a Campus Condorcet y me refugio en esos vagones del París del siglo XX.

Sigo leyendo y mis lágrimas caen como las hojas de los cerezos del parque Scéaux en plena primavera.

No puedo dejar de leer, pero he llegado a mi destino.

Así pasan mis días donde no puedo soltar el V13. En el metro, en la casa, en la calle, en el gimnasio, antes de acostarme, se ha vuelto adictivo.

Tengo miedo, me quedan pocas páginas.

Johann me pregunta, ¿Qué te tiene en ese estado? Le dije: “es un francés”.

Sí, es un francés que me enseñó el nivel tan grande que la sociedad francesa tiene de resiliencia, del perdón, de afrontar su realidad y superar sus miedos. Le dije: “Es el V13” que me vino a dar -intuyo- una de las grandes lecciones de mi vida.

Es una catarsis, que coincidió con la Cuaresma y que terminó antes que ella, sin saberlo, sin esperarlo o incluso, sin desearlo.

Cada minuto libre -en una agenda sobrecargada que tengo hasta enero de 2026- durante 40 días, bueno menos, se los dediqué a este libro.

Fue muy duro leer cada línea de las víctimas de los atentados del 13 de noviembre de 2015 y de todas las secuelas de esas madres que perdieron a sus hijos, o del esposo que perdió a la madre de su hija. O aquellos enamorados que murieron de manera simultánea en la terraza del restaurante “La belle equipe” o de aquella mujer afectada físicamente de por vida a las afueras del estadio de Saint-Denis y que nadie habla, “porque no fue en el Bataclan o en las terrazas”.

No terminaría de contar todo lo que leí y que me destrozó el corazón, sabiendo que esa noche para mí, era el regreso a mi hogar y el inicio de un futuro prometedor – como lo ha sido hasta ahora- la esperanza en la ciudad más bella del mundo, París y que al mismo tiempo, esa noche sería para otras 1,600 personas (y contando) un viernes 13 negro lleno de dolor.

Pero hubo una frase que me hizo bajar de la línea 6 en pleno Montparnasse: “se fue su coccinelle, como él le llamaba y enseguida él la siguió”.
Carrère describe el testimonio de una madre y la muerte de su hija y en el menciona, el apodo tan cariñoso que su padre utilizaba en lugar de su nombre. Emmanuel describe la muerte en una sola frase y esa relación entre padre e hija que ni siquiera la muerte pudo separarlos; a tal grado, que meses después de ese fatídico 13 de noviembre de 2015, él también murió.

¿Se puede escribir tanto dolor en unas cuantas palabras?

¿Se puede reflejar la fuerza, el amor de 2 seres humanos que se encontraron en este planeta?

Estoy sentada en La Rotonde, tomando un agua mineral perrier, porque después de ese salto tan abrupto que di en la línea 6, el destino me trajo aquí después de caminar por unos minutos desde Montparnasse hasta el boulevard Raspail pensando en mi padre, en esa Rosa María del 2015, en mi amado Johann y nuestra historia.

Una historia que irremediablemente el V13 trazó.

Gracias Emmanuel Carrière por esa lección de amor y de fuerza.

Gracias por esas horas, sentando en ese Tribunal de París.

Gracias.

 

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