04-05-2026 12:20:22 AM

A la poblana

Por Jesús Manuel Hernández

 

Una de las asignaturas pendientes del sistema pasado, el tricolor, era cómo negociar con los grupos locales, cómo neutralizarlos ante la designación del “tapado” del gobierno federal para gobernar Puebla.

Fernando Gutiérrez Barrios contaba cómo fue enviado a Puebla a negociar el tema del levantamiento de jóvenes universitarios cuando el caso del conflicto de Nava Castillo.

El famoso “Pollo”, el policía de “Los Pinos”, aceptaba que los poblanos tenían una forma diferente de comportarse ante los deseos y órdenes presidenciales. Alguna vez en charla con Gutiérrez Barrios y dos personajes más, ya fallecidos, uno político-político y el otro religioso-político, brincó la razón del por qué los poblanos se cuecen diferente.

Los tres personajes y quien esto escribe aportaron informaciones.

La sociedad poblana está acostumbrada a “operar subterráneamente”, sin importar el sesgo ideológico. Lo mismo sucede entre los grupos políticos locales, en la iglesia, entre los empresarios, o en la izquierda. Hay una especie de “sentido común” entre la sociedad poblana para ocultar sus verdaderos deseos y la toma de decisiones usualmente se hace en “espacios reservados”, en lo oscurito, pues se duda de todo lo externo máxime cuando los personajes vienen de fuera, del centro, es decir impuestos por la Presidencia o sus allegados.

¿Anécdotas? Serían necesarias varias columnas para contar lo vivido, lo conocido y por supuesto, lo sufrido.

Quizá uno de los casos más sonados haya sido la elección de Presidente Municipal de Puebla en 1995.

Gobernaba Manuel Bartlett quien venía del centro como jugada de Carlos Salinas de Gortari para controlar la sucesión presidencial, Bartlett le estorbaba. Así que el poderoso ex secretario de gobernación, que conocía las entrañas de los grupos de poder, sentó en su mesa a los “mandos”, a quienes tomaban las decisiones de poder, tanto de la derecha como de la izquierda, los resultados fueron positivos los tres primeros años. Pero a la mitad de su gobierno, se rompió el encanto.

Al momento de su toma de posesión los grupos de la derecha poblana se alinearon y se vieron favorecidos con temas no solo económicos, también de posiciones estratégicas y por supuesto el “derecho de picaporte” para “solucionar” cualquier conflicto, cualquier gestión, cualquier traba.

La razón era muy sencilla. Bartlett venía con toda la información nacional, conocía los nombres y las responsabilidades reales de los grupos locales; es decir, no se sentó a negociar con los líderes empresariales o políticos de la derecha o la izquierda, se sentó con los verdaderos jefes a quienes conocía, por tanto, al momento de su campaña y posterior triunfo electoral, el “jefe de jefes” llegó a Casa Puebla y le acompañaron dos de los principales líderes locales, simplemente dijo: “Manuel estos dos me representan”.

Acto seguido, primero uno y luego otro fueron el enlace permanente con el gobierno poblano.

Así surgieron decisiones como el Consorcio de la Construcción, la donación de predios para edificios empresariales, gestiones en favor de colegios y universidades privadas, etcétera.

El primer personaje presentado aquel día por el “jefe de jefes”, voló pronto a cargos nacionales y dejó en su lugar al segundo personaje, que no desaprovechó la relación.

Y así vivieron casi felices por tres años, hasta que Bartlett les pidió el apoyo para Germán Sierra Sánchez rumbo al Palacio Municipal. Fue entonces cuando se rompió el encanto.

Mientras Bartlett se acercaba a los grupos locales pra explicar el Programa Regional Angelópolis y lo bondadoso que sería para todos la continuidad en la zona conurbada de la capital; en el grupo de la derecha se organizaban subterráneamente para operar en contra.

Así, surgió un grupo, no identificado entonces, en la mesa estaban Gabriel Hinojosa, Antonio Sánchez Diaz de Rivera, Pepe Momoxpan, algunos representantes eclesiásticos considerados “progresistas” y otros líderes sociales.

Los resultados son de todos conocidos. Ganó Hinojosa y perdió Germán. Curiosamente Gabriel nunca se afilió al PAN. Después se dio el rompimiento de Bartlett con la derecha en medio de denuncias, persecuciones e integración de proceso penales contra dos integrantes de los grupos de derecha, Alfredo Miranda y Herberto Rodríguez Regordosa. La amistad de los dos representantes del “jefe de jefes” se vio truncada y en corto Bartlett decía “me traicionaron”, en medio de una premisa, el “jefe de jefes” había sacado provecho de la negociación y los representantes tomaron un camino ajeno que originó una buena parte del escenario de la política actual en Puebla.

El antecedente de estas negociaciones y operaciones subterráneas tuvo su más cercana presencia en el momento de proponer a Gonzalo Bautista O’Farril para la Presidencia Municipal y posterior interinato del gobierno del General Rafael Moreno Valle, donde personajes involucrados en las posteriores negociaciones eran empleados de la ladrillera de “Gonzalito”.

Ejemplos como este, sobran y no solo en el ámbito político, también en el religioso, quizá el más notorio fue el bloqueo a la designación de Rosendo Huesca y Pacheco como Obispo Auxiliar de Octaviano Márquez y Toriz, aún vivirá por ahí alguno de los que lo recibieron con globos con pintura; y por supuesto la comunidad periodística también ha sido presa de estas fuerzas ocultas a lo largo de los últimos 60 años o más.

Una buena recopilación de hechos pudiera describirse si cada uno de los actores tunde máquinas, hablara, escribiera, contara sobre los “vetos” a la libertad de expresión.

Pero esa, esa es otra historia.

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