26-08-2026 06:28:20 AM

Laura Artemisa: el arte de violar la ley

Por Valentín Varillas

 

Hay algo que debería ser elemental en cualquier aspirante a un cargo de elección popular: respetar la ley antes de pedirle a los ciudadanos que la respeten.

En Puebla, Laura Artemisa García sueña con ser la próxima presidenta municipal de Puebla.

Y aunque sobra decir que formalmente todavía no son los tiempos, su nombre lleva meses apareciendo en bardas y otras formas de promoción personal.

Primero fueron los mensajes enviados masivamente por SMS a teléfonos particulares. Mensajes de promoción personal que hicieron llegar a ciudadanos que nunca autorizamos recibir propaganda política.

Seguramente utilizó una base de datos adquirida ilegalmente, lo cual debería investigarse y en su caso sancionarse.

Después llegaron las bardas.

La ciudad comenzó a tapizarse con pintas que llevan su nombre y que incluyen mensajes que incluyen los supuestos logros que ha alcanzado en su paso por el srevicio público.

Campaña abierta, pues.

Por supuesto, ella se deslinda.

Asegura que no sabe quién las pinta; infiere que podrían ser simpatizantes que de manera voluntaria y sumamente espontánea gastan cientos de miles de pesos en posicionarla.

Por si fuera poco, jura que conoce la ley y que siempre actúa dentro de ella.

Así, rehuye a los más básicos cuestionamientos, cuyas respuestas conoce de sobra:

¿Quién paga las bardas?

¿De dónde sale tanto dinero?

¿Quién contrata a quienes las pintan?

¿Quién diseñó la estrategia?

¿Quién distribuyó los mensajes?

¿Quién proporcionó los teléfonos?

Sobre todo porque ella es quien se beneficia políticamente de todo esto

La parte medular de este asunto no se centra en esperar a que alguna autoridad electoral determine si cada acto de un aspirante constituye o no una violación al marco jurídico.

Se trata de algo mucho más elemental: la bendita congruencia.

Quien pretende gobernar el municipio de Puebla tendría que poner el ejemplo al momento de hacer cumplir todos, absolutamente todos los reglamentos, permisos y disposiciones legales.

Aunque políticamente no le convenga.

Por eso resulta particularmente delicado que una aspirante llegue a esta contienda rodeada de cuestionamientos sobre el respeto irrestricto al estado de derecho.

¿Qué clase de gobierno puede ofrecer quien pretende llegar al poder, sin demostrar primero que sabe respetar la ley?

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