01-07-2026 07:44:41 AM

Somos México: la falsa ilusión ciudadana

Por Valentín Varillas

 

El Instituto Nacional Electoral acaba de otorgar el registro a Somos México para competir en los comicios federales de 2027.

Aunque formalmente se presenta como una opción proveniente de la sociedad civil, una revisión a su estructura interna revela que el proyecto padece los mismos vicios que dice combatir: el reciclaje de liderazgos desgastados y la simulación institucional.

De entrada, genera dudas la abierta incorporación de personajes que hasta hace poco fungieron como árbitros, consejeros y altos funcionarios en los organismos electorales.

Es innegable que toda persona goza del derecho constitucional de ejercer su libertad política y asociarse con quien le dé la gana.

Sin embargo, el tránsito inmediato de la supuesta neutralidad arbitral al trabajo en un partido abiertamente anti-oficialista, abre el debate sobre si eran realmente imparciales cuando sus decisiones definían el rumbo de las elecciones en el país.

Esta cómoda mutación alimenta la narrativa de que quienes en su momento fueron los encargados de llevar a buen puerto los procesos, operaban con un sesgo muy claro y que hoy, cuando ya no hay nada que perder, han decidido quitarse la máscara.

A este cuestionamiento hay que sumarle el perfil de sus operadores políticos.

Entre las figuras dominantes de la organización destacan los mismos liderazgos que llevaron al colapso definitivo y a la pérdida de registro del Partido de la Revolución Democrática.

Aquellos que hicieron pedazos a la izquierda histórica mediante el clientelismo de tribus y los pactos cupulares, hoy pretenden erigirse como los salvadores de la democracia mexicana.

La contradicción es monumental: en términos de política real es imposible construir una alternativa de futuro con los mismos nombres que sepultaron su propia franquicia política debido a su enorme soberbia y su evidente desconexión social.

Bajo estas condiciones, las posibilidades reales de que Somos México sea una oposición competitiva son mínimas.

Y es que el espacio opositor ya se encuentra fragmentado y saturado.

Lejos de atraer al electorado desencantado con los gobiernos de la 4T, el nuevo partido corre el riesgo de convertirse en un club de exfuncionarios y políticos marginados que quieren seguir participando en el juego democrático, aunque en los hechos no aporten nada real.

Su verdadero reto el próximo año no será ganar distritos o gubernaturas, sino alcanzar el mínimo del 3% de la votación nacional y así mantener el registro legal.

En un sistema en donde las estructuras territoriales y la entrega de dinero en efectivo por concepto de becas definen los votos, la fecha de caducidad de Somos México podría definirse tan pronto como el día posterior a la elección.

 

About The Author

Related posts