02-06-2026 09:09:44 PM

El Humanismo de Edgar Morin

Por Rosa María Lechuga

 

« Je garde les aspirations de la jeunesse, sans ses illusions.

Je garde la curiosité de l’enfance ».

Edgar Morin

 

Cuando llegué a Paris, unos de mis grandes sueños era conocer la tumba de Olympe de Gouges, Montesquieu, Voltaire, de Sartre, de Simone de Beauvoir, de Edith Piaf y conocer en persona a Edgar Morin, volver a ver a Alain Touraine, Nancy Green, Gerard Noiriel, Patrick Boucheron, Catherine Wihtol o Dominique Schnapper.

 

La vida ha sido muy generosa conmigo.

 

Hoy, uno más ha partido de esta tierra, dejando un gran legado detrás de él.

 

Pero estas líneas no son para repetir lo que seguramente otros más harán en las próximas horas, en los próximos días, sus múltiples libros (que ni conocen), los premios recibidos.

 

Lo que sí puedo decir es que Edgar Morin es y será uno de los grandes humanistas que Francia ha dado al mundo.

 

Recientemente en mi seminario magistral en la Nouvelle Sorbonne, sobre “desafíos políticos contemporáneos” compartí con mis alumnos uno de sus últimos libros “Réveillons-nous!”.

 

Un libro que más allá de ser un texto realista y duro por momentos, rescata lo más importante en Edgar Morin: el humanismo que profundamente difundió y que llevó como bandera en su largo trayecto de vida.

 

Su memento literario es cuando pone en jaque “la pensée” al señalar que está en crisis, como lo está la humanidad, la civilización.

 

Sinceramente pocas eran mis esperanzas de que mis alumnos se animaran a leerlo, o incluso que algo se les quedara. Es terrible luchar desde la academia contra la falta de lectura. Pero hay que tener fe en esos “oasis de fraternidad” como

 

Para sorpresa mía, fue una de las lecturas más utilizadas en las exposiciones y tengo que decir, que tengo pruebas de que entendieron el mensaje de Edgar Morin.

 

Intuyo que una de las formas más espectaculares de homenajear a Morin, es sembrar en los jóvenes, sus ideas, sus manuscritos que fueron concebidos al alba en Francia, “pays de lumières”.

 

Y entender que de la historia, tenemos que aprender mucho, sobre todo de la “humanidad”.

 

Conocí a Edgar Morín en la Maison de l’Amérique Latine, allá en el boulevard Saint Germain de Près. También fue un honor y un agasajo verlo junto a Michel Wieviorka en la Filarmónica aquí en Paris.

 

Que digan que viví en los tiempos de Morin, de Isabel Allende, de Irene Vallejo.

 

Hasta siempre Monsieur au petit foulard !

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