Por Valentín Varillas
Mañana arranca la Copa del Mundo y para millones de mexicanos significa fiesta.
Sin embargo, para el gobierno de Claudia Sheinbaum será algo más: el distractor perfecto que operará como una auténtica válvula de escape a la enorme presión que lo agobia.
Sí, está auténtica joya les llega en el momento más crítico del llamado segundo piso de la Cuarta Transformación.
Con una crisis de seguridad sin precedente.
Con el crimen organizado controlando territorios enteros.
Con los feminicidios que no ceden.
Con la extorsión normalizada ya como costo de operación para miles de negocios.
Y con el tema pendiente de los desaparecidos, como añeja deuda social que hasta la fecha sigue sin saldarse.
En lo económico, la inversión cae, el gasto público colapsa y la deuda que acumulan y seguirán acumulando los gobiernos de la 4T comprometerá las finanzas del país por varios años.
Por si esto fuera poco, vivimos una relación con Estados Unidos que transita entre la tensión arancelaria y las exigencias concretas de combatir de manera frontal a los grupos de la delincuencia organizada.

De evitar su infiltración en la política y en las instituciones públicas del Estado mexicano, además de seguir controlando el fenómeno migratorio.
A nivel interno, la figura de López Obrador sigue operando desde Palenque y dificulta cada vez más el que se concrete la deseable y muy necesaria transición política en el país .
En ese contexto, el Mundial cae “como anillo al dedo”.
El segundo en los gobiernos de Morena.
López Obrador usó esta frase con todo descaro el 2 de abril de 2020, en plena pandemia de Covid-19, cuando declaró textualmente que la crisis sanitaria les venía “como anillo al dedo para afianzar el propósito de la transformación”.
Lo dijo mientras México empezaba ya a contar sus muertos.
Esos que al final de la emergencia sanitaria sumaron más de 334 mil de manera oficial, pero que al tomar en cuenta las estimaciones por exceso de mortalidad se calculan entre 600 y 800 mil.
Eso era lo que le venía “como anillo al dedo”.
Ahora, la frase le queda perfecta a Sheinbaum sin necesidad siquiera de pronunciarla.
El distractor opera solo.
El Mundial concentra la atención pública, mueve emociones masivas, genera las bases para construir una narrativa oficial de orgullo nacional, y desplaza en términos de atención mediática todos los temas incómodos, polémicos, que le pegan de lleno a la imagen gubernamental.
No resuelve nada en los hechos, pero le permite a la presidenta comprar tiempo.
Y en política, el tiempo es oro cuando un régimen empieza a mostrar severas grietas por todos lados.

