12-04-2026 06:27:40 AM

Hegemonía: el fantasma que regresa

Por Valentín Varillas

 

Con la tan anhelada llegada de la alternancia a la democracia mexicana, por fin nos olvidamos del término.

Por lo mismo, la incertidumbre pasó a ser un componente esencial de los procesos electorales.

Sin embargo, hoy vuelve a aparecer con toda fuerza, a medida que Morena se consolida como la fuerza dominante en todo el país.

Sí, poco a poco vemos cómo estamos virando nuevamente a un sistema de partido dominante.

Ese que se rompió en el 2000 y que dio paso a un sistema competitivo con equilibrios reales.

El oficialismo gobierna en 24 entidades federativas, ahí residen cerca de 93 millones de personas, lo que representa el 74% del total de la población del país.

Mantiene no sólo intacta, sino creciente, su capacidad de movilización electoral.

Cuentan con una narrativa política que sigue impactando muy fuerte en el imaginario colectivo nacional y una base social muy sólida.

Esa que se va fortaleciendo a través de la entrega de dinero en efectivo a distintos sectores de la población.

Por lo mismo, gozan de un auténtico y legítimo respaldo ciudadano.

Al mismo tiempo, la oposición luce fragmentada, sin liderazgos ni proyecto claro.

Han perdido sistemáticamente elecciones y también credibilidad.

Por lo mismo, no es necesario construir acuerdos amplios o llegar a negociaciones en la discusión de los grandes temas nacionales.

No existe una resistencia útil, ni contrapesos reales.

Los equilibrios, como en aquellos tiempos del todopoderoso PRI, están hechos pedazos.

En términos de política real, no quedan ya espacios para el disenso.

Han concentrado tanto poder en lo territorial, en lo legislativo y en lo simbólico, que el mismo sistema de competencia electoral se ha vuelto muy cómodo para ellos y para sus gobiernos.

Y por lo mismo, ya no se ven en la necesidad de ganarse el voto de los ciudadanos a través de acciones concretas que lleven al bien común.

Esa es y en su momento fue la gran tragedia nacional.

Una oposición fuerte obliga a quienes ejercen el poder a ser mejores.

Más honestos, más eficaces y eficientes.

De cara al 2027, la pregunta ya no es si Morena ganará la mayoría de las posiciones que estarán en disputa.

Claro que lo hará.

Ahora, lo realmente valioso del debate es volvernos a cuestionar, como lo hicimos hace décadas, si podemos hablar de una democracia auténtica cuando el poder ha dejado de tener ya límites efectivos.

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