Por Valentín Varillas
Suena a lugar común, pero es muy real: la verdadera competencia que enfrentará el oficialismo de cara al proceso electoral del próximo año será interna.
Al seno del propio movimiento.
Son varios los factores que se conjugan para darle forma a esta auténtica bomba de tiempo.
Y es que, la manera tan contundente con la que Morena se hizo del poder en Puebla, desatará lo demonios.
Esos que tienen ya los tambores de guerra listos para hacerlos sonar.
Y no falta mucho.
Ya hay fechas y plazos fatales para definir ganadores y perdedores de esta auténtica batalla.
Una realidad normal en aquellas fuerzas políticas que se volvieron absolutamente dominantes en un tiempo tan corto.
La consecuencia natural ha sido la llegada de todo tipo de actores políticos, liderazgos regionales y nuevos cuadros que se han hecho de espacios fundamentales tanto en el partido, como en los distintos niveles de gobierno.
Hay muchos que quieren, pero muy pocas candidaturas a repartir.
Por eso, las tensiones serán inevitables.

Y además, lo más importante: no todos cumplen con los criterios de la rentabilidad electoral para ganar; simple y sencillamente el elemento fundamental, básico, el más importante de la política.
De qué sirve la congruencia ideológica y la fidelidad de principios, si no alcanzan para llevar esos postulados a acciones concretas de gobierno.
A darle forma a políticas públicas que se traduzcan en la visión de Estado que se vende desde la teoría.
No todos lo entienden; por eso los pataleos.
Sienten que llevan mano porque se pasaron años picando piedra.
Porque cumplieron a cabalidad con aquella vetusta meritocracia que en teoría los llevaría al reino de los cielos.
Hoy no les sirve de nada.
Y el propio partido así lo definió al momento de decidirse por una encuesta como método único para la elección de aspirantes a un cargo de elección popular.
La misma que define el conocimiento como reactivo más importante.
Si no te conocen, no existes, por más disciplinado e institucional que hayas sido en tu desempeño como militante.
Demoledor.
La columna vertebral de estos sondeos de opinión operan como filtro para ir descartando a quienes no tienen la menor oportunidad de ser competitivos en las urnas.
Ahí está el reto: en la operación al interior.
El mayor desafío no será enfrentar a una oposición completamente desarticulada, sino aprender a convivir con las consecuencias de su propio éxito político.

