27-06-2022 03:23:41 AM

Militares, al ring electoral

Por Valentín Varillas

 

Las Fuerzas Armadas en México ya juegan en la disputa por la presidencia de la República de cara al proceso electoral del 2024.

La primera “probadita” nos la dio el Secretario de Marina José Rafael Ojeda Durán, cuando en una mañanera se le fue con todo a los jueces del país por ser un “obstáculo” para la Cuarta Transformación de laida pública nacional.

Sus declaraciones se dieron poco después de que el propio presidente tildó a los integrantes del Poder Judicial de “ultraconservadores” y “podridos” por haber dado trámite a una cascada de amparos en contra del Tren Maya y de su proyecto de Reforma Eléctrica.

En plena ceremonia conmemorativa al inicio de la lucha por la Revolución Mexicana, el Secretario de la Defensa, Luis Crescencio Sandoval, le puso la cereza al pastel con frases que pudieran haber sido parte de un  acto de campaña del partido en el poder.

Por ejemplo: “como mexicanos es necesario estar unidos en el proyecto de nación que está en marcha”.

Pero esta es la verdadera joya: “Las Fuerzas Armadas y la Guardia Nacional vemos en la transformación que actualmente vive el país, el mismo propósito de las tres primeras transformaciones: el bien de la patria. Se enfoca en desterrar la corrupción, procurar el bienestar del pueblo, el progreso con justicia, la igualdad, el crecimiento económico, educación, salud y seguridad entre otros rubros. Como mexicanos es necesario estar unidos en el proyecto de nación que está en marcha porque lejos de las diferencias de pensamiento que pidieran existir nos une la historia, el amor por la tierra que nos vio nacer”

Larga cita, pero muy reveladora.

El domingo pasado, el General Luis Rodríguez Bucio, comandante de la Guardia Nacional,  acompañó al Secretario de Gobernación Adán Augusto López en una gira para promover el proceso de revocación de mandato que se va a llevar a cabo el próximo 10 de abril.

Estuvo acompañado por Mario Delgado, líder nacional de Morena y senadores emanados del partido como Armando Guadiana y Luis Fernando Salazar.

Más allá de colores, siglas e ideologías, las Fuerzas Armadas en el país jamás se habían decantado públicamente a favor del partido en el gobierno, de manera tan abierta como se hace hoy.

Tampoco, los militares habían recibido nunca, los beneficios que López Obrador les ha otorgado apenas a la mitad de su sexenio.

De su promesa de “regresar a los uniformados a los cuarteles” pasó a una militarización casi total de las tareas de seguridad pública.

Además de esto, construyen un aeropuerto, tramos importantes del Tren Maya, cerca de 1,600 sucursales del Banco del Bienestar y 266 cuarteles de la Guardia Nacional

La Marina, por su parte, no solo se encarga de la seguridad de los puertos mercantiles y de las aduanas marítimas, sino que ha tomado el control absoluto de su administración.

Juran los enterados que, en rechazo a esta decisión del presidente, renunció Javier Jiménez Espriú como Secretario de Comunicaciones y Transportes.

¿Para qué tanto poder si no es para sumar a la continuidad de la 4T?

Tanto le importa al presidente la incondicionalidad de los militares en caso de “emergencia electoral”, que hizo hasta lo imposible por rescatar al general Salvador Cienfuegos, ex titular de la Defensa Nacional en tiempos de Peña Nieto, quien había sido detenido en los Estados Unidos por presuntos vínculos con el narco.

Un hecho sin precedentes en la historia del país.

Fortalecidos como nunca, con un presupuesto histórico y con una influencia inédita, que seguramente irá aumentando a medida que avance el sexenio, las Fuerzas Armadas parece que serán un factor de peso específico fundamental para la continuidad de la 4T.

Todo esto, a la par de los acuerdos que se tienen desde lo más alto del poder político con los poderes de facto que controlan al país.

Militares y criminales se apuntalan como los pilares más sólidos de nuestra bizarra y surrealista “democracia nacional”.

¡Sálvese quién pueda!

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