28-06-2022 07:13:02 PM

Dudas que matan…incoherencias que aniquilan

Por Valentín Varillas

Muy bien por los diputados locales y federales de Acción Nacional al pedir la intervención de la Comisión Nacional de Derechos Humanos en el caso del niño Tadeo.

Tienen toda la razón: es aberrante que el cadáver del bebé exhumado de un panteón de la Ciudad de México, pudiera ingresar, con toda facilidad al Centro de Readaptación Social de San Miguel.

Para los fines que sean.

Hay que aplaudir su exigencia de que sigan las investigaciones y se llegue hasta las últimas consecuencias; pase lo que pase y caiga quien caiga.

Que se castigue con todo el peso de la ley a los responsables.

Que paguen por sus delitos, yerros, omisiones y corruptelas.

Claro que “JUSTICIA PARA TADEO”- así, con mayúsculas, sin adjetivos ni condicionantes.

No hay duda de que las limpias tienen que ser un proceso constante, permanente, prioritario al interior de las corporaciones de seguridad pública y en las instancias que controlan el sistema penitenciario estatal.

Lo que no me checa es que, todo lo que hoy exigen y piden para Tadeo, se lo negaron en su momento a José Luis Tehuatlie Tamayo.

Jamás mostraron la menor empatía después de que fue asesinado por funcionarios públicos del gobierno estatal.

Por policías al servicio de Rafael Moreno Valle, su jefe político.

Esos policías cuya función primordial era la de cuidarlo a él y en general a todos los ciudadanos.

No actuar como auténticos sicarios.

Ellos, en su momento, jamás exigieron la limpia que hoy, con el caso de Tadeo, consideran “insuficiente”.

No levantaron la mano para la destitución de uno solo de los más de 400 elementos que participaron en el operativo de Chalchihuapan.

Mucho menos encabezaron movilizaciones, marchas o protestas para que el responsable legal y moral del asesinato del menor: Facundo Rosas, fuera destituido del cargo. 

Tampoco la del fiscal Carrancá ni del entonces titular del poder judicial, Roberto Flores Toledano.

Todos ellos, cómplices de semejante aberración.

Se les ordenó creer ciegamente en la teoría del cohetón, en la versión oficial de los hechos que tenía como eje central cabezas de marranos y piedras de grueso calibre.

Desestimaron a la CNDH, a la que hoy recurren, cuando esta instancia hizo pedazos la burda mentira que se montó para encubrir a los ASESINOS de un niño.

Jamás tuvieron una palabra de empatía hacia la víctima, sus familiares y el resto de la comunidad agraviada por el abuso policial.

Solaparon un crimen de Estado, al no denunciar la manipulación de todo el sistema de procuración y administración de justicia que operó para garantizar la impunidad de los responsables.

Ellos, que en sus propios perfiles de redes sociales se definen como “defensores de la vida” y que no tienen empacho en hacer públicas sus convicciones religiosas.

Los mismos que se erigen como miembros de un extraño tribunal que juzga y define lo que debe de ser la moral y las buenas costumbres, tasaron con valores diferentes la vida de dos niños.

Por un asunto de conveniencia política, estos puros e inmaculados personajes de la política poblana, consideraron que la vida de José Luis no valía absolutamente nada.

Que no merecía mover un solo dedo ni hacer el mínimo esfuerzo para exigir justicia para él.

Simplemente, le regatearon, todos los esfuerzos y acciones que, afortunadamente, hoy sí llevan a cabo para que no quede impune la muerte de Tadeo.

Bien por ellos.

Mal por su doble moral e incongruencia.

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