30-11-2021 09:51:47 AM

El último reducto morenovallista

Por Valentín Varillas

Migraron a Quintana Roo.

Ahí, gozan de una muy eficiente protección y de absoluta impunidad.

Llevaron sus fortunas, obtenidas alegremente gracias a su paso por la política y el servicio público poblanos.

Invirtieron en el ramo inmobiliario, en el sector turístico, comercial, restaurantero y del entretenimiento en las zonas con mayor potencial y crecimiento.

Sus magníficas relaciones con el mundo político de ese lugar, les garantiza tener acceso a información privilegiada para maximizar sus réditos.

Los empresarios y gente de dinero se acercan a ellos.

Buscan sociedades, amarres y acuerdos porque los consideran parte de una burbuja intocable que recibe un trato privilegiado de autoridades de primer nivel en al ámbito estatal y en los principales municipios.

Todo esto, ordenado, fomentado y perfilado por el propio gobernador Carlos Joaquín González, quien de esta manera corresponde a la operación política que desde Puebla, en tiempos de Rafael Moreno Valle, se llevó a cabo para hacerlo ganar la elección.

Un proceso en el que arrasó, obteniendo más del 45% del total de los votos.

En Quintana Roo cuentan todavía cómo, en la coyuntura del relevo en la gubernatura, llegaban las llamadas “caravanas poblanas”.

Convoys de camionetas cargadas con efectivo que se utilizaba para perfilar e impulsar el proyecto político del hoy mandatario panista.

Otro favor que Carlos Joaquín le hizo al morenovallismo, en reciprocidad al apoyo que le dieron para llegar al gobierno de ese estado, fue la presión que en su momento ejerció entre los jueces federales de Quintana Roo para reactivar la orden de aprehensión en contra de Mario Marín.

Esa que se encontraba durmiendo el sueño de los justos en algún archivo muerto, pero cobró vida después de un burdo intento de regreso del poblano a la política local, apoyando la candidatura de Alberto Jiménez Merino en la extraordinaria del 2019.

Una candidatura fallida de origen, por la que Marín canjeó su libertad.

En este contexto se explica este auténtico exilio dorado en el que viven aquellos morenovallistas que, por un asunto de supervivencia, tuvieron que salir del estado.

El gran problema para ellos, es que muy pronto, su lotería podría terminar.

Fieles a su estilo, se hicieron muy visibles.

Campeones de la fanfarronería y el derroche, han dejado huellas imborrables, muy fáciles de seguir en el futuro próximo.

Y es que, todo parece indicar que en Quintana Roo viene un viraje importante en lo político, para la próxima elección estatal.

La del 5 de julio del 2022.

Las encuestas y sondeos de opinión muestran que Morena lleva una ventaja importante, a través de la potencial candidatura de Mara Lezama.

Y que al oficialismo, con todo y que se perfila una alianza PAN-PRI-PRD, no podría alcanzarle ni siquiera con la operación electoral que se detonará desde el gobierno estatal.

Lo peor para ellos es que Moreno Valle ya no está y que no cuentan ya con la caja chica adicional que en su momento significó para ellos las arcas del gobierno del estado Puebla.

¿A dónde migrarán ahora?

¿Quién podría garantizarles impunidad?

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