28-11-2021 03:32:48 PM

Huachicol S.A.

Por Valentín Varillas

Los gobiernos panistas en Puebla, convirtieron el robo y venta de combustible de Pemex en la industria más pujante del estado.

Más de 3 mil por ciento crecieron las tomas clandestinas durante sus administraciones.

Imposible pensar en semejante crecimiento, sin la perversa sociedad de autoridades con grupos delincuenciales.

Crecieron de tal manera que alcanzaba para comprarlo todo y a todos. 

Y así, se generó una logística perversa que alcanzó a los tres niveles de gobierno y a perfiles civiles y militares encargados de aplicar la estrategia de combate al crimen organizado.

Al mismo tiempo, al amparo del huachicol, hicieron millonarias fortunas abogados, contadores y notarios públicos que avalaron la conformación de empresas fantasma mediante las cuales se blanquearon los millonarios recursos obtenidos a través de este ilícito.

Sin embargo, el círculo no estaría completo sin un mecanismo de blindaje que involucrara a los habitantes de los municipios en donde con más frecuencia se roba el hidrocarburo.

La única manera efectiva de hacerlo era que disfrutaran también de las ganancias de tan rentable actividad.

Comunidades enteras de vocación rural fueron transformadas de manera radical, cambiando de manera drástica las actividades de sus habitantes.

La enorme mayoría fue capacitada para integrarse al nuevo negocio hegemónico.

Adiós al trabajo del campo.

Esto generó un círculo virtuoso en materia económica.

Un detonante en el nivel de vida de estos municipios que jamás se hubiera logrado a través de la agricultura o el comercio de la zona.

Personas de todas las edades vieron sus ingresos aumentar de manera exponencial, lo que le permite gozar a los huachicoleros de un esquema de protección y de obtención de información que en los hechos resulta muy valioso para ellos.

En esta lógica se entiende que pueblos enteros le planten cara a las autoridades- civiles o militares- cuando se llevan a cabo operativos para la detención de alguno de los capos de estas bandas y que les ayuden a escapar cuando su libertad esta comprometida.

Están dispuestos a ser cómplices de este delito, con tal de no regresar a la pobreza en la que vivieron.

Por todo eso, existe una dificultad real para combatir de frente el huachicol y llevar a cuentas a sus principales cabecillas.

La labor parece titánica, pero el primer paso- el más importante- ya se ha dado: el romper con la sociedad perversa entre autoridades estatales y las bandas dedicadas al robo de combustible.

No más impunidad, caiga quien caiga, sin importar lo lucrativo del negocio.

Por ahí había que empezar; lo demás, se dará por añadidura.

Al tiempo.

 

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