19-10-2021 09:49:36 PM

Gobiernos y pandemia

Por Valentín Varillas

 

No, no todos los niveles de gobierno han reaccionado igual en tiempos de pandemia.

Aunque el federal se ha erigido desde el principio, como el eje rector de las políticas públicas y medidas para contener los contagios, en los hechos, existen diferencias importantes en su actuar, comparado con el de muchas entidades federativas.

Inclusive en estados gobernados por el mismo partido.

Puebla por ejemplo.

El estado, a partir de la determinación de cerrar actividades productivas, se caracterizó por ser uno de los que actuó con más cautela y preocupación.

Y puso el ejemplo en primera persona.

Cancelando con gran anticipación la versión 2020 de la Feria de Puebla, por ejemplo, con todo lo que esto implicó.

La molestia ciudadana por no llevar a cabo un evento tradicional, que si bien era importante en términos económicos, haberlo llevado a cabo hubiera significado un auténtico suicidio por el potencial número de contagios y decesos que hubiera podido ocasionar.

Responsabilidad, antes de popularidad.

La invitación a quedarse en casa, vino de la mano de la suspensión de giras de trabajo, actos públicos y la implementación inmediata del modelo “home office” para la gran mayoría de trabajadores del servicio público.

El gobernador Barbosa y sus secretarios utilizaron siempre- y lo siguen haciendo- el cubrebocas.

Sin pretextos ni medias tintas y desde el primer día.

Tanto en las ruedas de prensa virtuales que se llevan a cabo todos los días para informar las acciones que lleva a cabo el gobierno como en los encuentros que se realizan con otros actores de la vida pública local o nacional.

Lo mismo con la obligatoriedad de la sana distancia y las medidas preventivas pertinentes previo al acceso a cualquier oficina pública del gobierno estatal.

El ejemplo, en estos casos y después de año y medio de pandemia, ha demostrado ser fundamental.

Por eso, líderes y gobernantes a lo largo y ancho del planeta muestran congruencia entre el decir y el hacer, utilizando el que hasta la fecha es unánimemente reconocido como el más eficiente preventivo de contagios.

El actuar, siempre pesará mucho más que el simple discurso.

En los picos de contagios, cuando los indicadores han alcanzado altos históricos, Puebla fue punta de lanza nacional en el tema de la reconversión hospitalaria.

Garantizar servicios de salud, tanto públicos como privados, ha sido un tema de altísima prioridad en la agenda oficial.

Y se ha evitado el colapso, por inminente que pudiera haber parecido en distintos momentos en donde los números crecían de manera importante, pero sobre todo: consistente.

Lo mismo con la logística y operación del tema de la aplicación de vacunas.

Atrás quedó el enorme caos y la desorganización que privaron los primeros días, cuando la representación del gobierno federal determinó asumir la responsabilidad al cien por ciento, sin apoyarse en la infraestructura y el personal pública estatal.

A pesar de todo esto, aquí hemos fallado como sociedad.

Desde el principio y hasta la fecha.

En momentos en donde la recomendación era de “apertura gradual”, la movilidad social se fue a las nubes.

Muchos, afectados en lo económico, operaron sus antros, sus salones de fiesta y otros lugares de alta concentración de gente de manera clandestina.

Desgraciadamente, por el hartazgo social al encierro, su poder de convocatoria fue muy alto, lo que representó en su momento un dique importante para la efectividad de las acciones de gobierno.

En la primera y segunda olas, fue evidente que los ciudadanos aprendimos poco, muy poco.

Metidos ya en la tercera ola de contagios, el panorama no parece muy diferente.

Es imposible parar nuevamente la economía, pero sí moderar el ansia de convivencia masiva a través de la responsabilidad social.

El avance en la vacunación en Puebla, no ha sido el deseado porque simplemente no llega el número de vacunas que aquí se necesitan.

Es un balón que está al cien por ciento en la cancha del gobierno de la República que, más allá de excusas o pretextos, tendrá que voltear muy pronto a vernos, por la importancia que tenemos en el contexto nacional y por ser un estado con ciudades de muy alta concentración poblacional.

Les guste o no, es ya un tema de seguridad sanitaria importante para el país.

Las comparaciones, dice el clásico, resultan odiosas, pero en la realidad que se vive en México por efectos de la pandemia, se vuelven no solo son deseables, sino justas y necesarias para el aprendizaje de todos: gobiernos y sociedad.

           

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