21-09-2021 03:53:31 AM

Colgarse de la victoria

Por Valentin Varillas

 

Existe una constante en el comportamiento de los representantes de los distintos grupos que se disputan la dirigencia estatal del PAN en Puebla: todos aseguran haber sido los responsables reales de las victorias obtenidas por el partido en el pasado proceso electoral de junio, tanto en la capital, como en los municipios conurbados.

El llamado “neopanismo”, que busca la continuidad de Genoveva Huerta, vende que fueron fundamentales en la conformación de la alianza opositora que compitió contra Morena.

Que las magníficas relaciones que existen con el presidente del CEN, Marko Cortés, influyeron de manera importante para que Puebla fuera considerada como prioridad, en la estrategia de sumar al PRI y al PRD a la coalición.

Que de otra forma, jamás se hubiera hecho y por lo mismo, el triunfo en la capital se habría comprometido de manera importante.

Aseguran también que, su paso por el morenovallismo les dejó como una de sus principales enseñanzas el cómo operar eficientemente para ganar elecciones, lo que quedó demostrado con la amplia diferencia que existió entre candidatos en Puebla y el resto del área metropolitana. 

Por su parte, el grupo de Lalo Rivera, que impulsa a Marcos Castro, jura que ellos tenían números contundentes que demuestran que, el próximo alcalde de la capital, no necesitaba a los partidos que se sumaron a su candidatura y que hubiera ganado fácilmente la elección sin ellos.

Que el voto masivo en Puebla se debió a su popularidad y carisma y a los buenos resultados arrojados por su administración al frente de la ciudad de 2011 a 2014, lo que sirvió en los hechos como un fenómeno de “arrastre” que benefició a los candidatos de la alianza en municipios como San Andrés y San Pedro Cholula, además de a los aspirantes a diputaciones federales y locales de la capital.

Y para cerrar el círculo, también están moviéndose algunos de los llamados “custodios”.

Los que se sienten con el derecho divino y antigüedad para retomar las riendas de un partido que asumen como propio, pero al que le han aportado nada o casi nada.

Añoran esos tiempos en donde perdían y perdían elecciones, pero ganaban posiciones al interior.

O bien, intentan reponerse de aquella oscura época cuando, engañados por Moreno Valle, le entregaron en bandeja de plata el partido, quedándose sin nada.

Nunca les cumplieron y en su lógica, están seguros de que ha llegado por fin el momento de ponerse a mano.

Fraile y Micalco son quienes los representan.

Dos perfiles que realmente han ganado muy poco en términos electorales.

El primero, con derrotas épicas en los procesos en donde se presentó como aspirante a un cargo de elección popular.

Su paso por el servicio público se debió siempre a los beneficios de la representación proporcional o en el caso del senado, a la famosa “primera minoría”.

Nada más.

Difícil pensar que sea el perfil ideal para llegar al PAN poblano, ahora que el partido tiene como reto competir por la gubernatura en la elección del 2024.

Rafael Micalco, por su parte, acaba de dejar constancia de su valía como operador electoral en el proceso electoral de junio pasado.

Fue designado por el CEN panista como delegado especial en Tlaxcala; estado en donde Acción Nacional perdió la gubernatura del estado.

El blanquiazul no ganó ninguna de las 15 diputaciones locales uninominales, tampoco una sola de las 3 diputaciones federales que se disputaron por la misma vía y ganó apenas 3 ganó apenas tres alcaldías (Apetatitlán, Apizaco y Coaxomulco) de las 60 que estuvieron en juego.

No son tampoco, ni de cerca, las mejores cartas de presentación para ser considerado seriamente como una posibilidad real de regresar a la dirigencia estatal del principal partido opositor en Puebla.

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