21-09-2021 03:40:57 AM

El inevitable giro al radicalismo

Por Valentín Varillas

 

El punto de quiebre se dio con la derrota electoral de Trump, en noviembre del año pasado.

A partir de este hecho, se le dio luz verde a la decisión de radicalizar la política exterior nacional.

Sobre todo en lo que a la relación con el vecino del norte se refiere.

De esta forma, el discurso hacia afuera empezó a teñirse de frases salpicadas de sutiles frases anti-imperialistas que apelaban a conceptos como la soberanía, la dignidad y la auto-determinación de los pueblos.

Y también, como consecuencia lógica, de apoyo a gobiernos como el de Cuba y Venezuela, enemigos cantados de los Estados Unidos y el consecuente embate en contra de la Organización de Estados Americanos.

A la par, desde el gobierno mexicano se empezaron a cuestionar algunos puntos importantes en el nuevo Tratado de Libre Comercio de América del Norte, acordados, firmados y legalizados con anterioridad.

Trabas innecesarias a capítulos que se refieren a sectores fundamentales de la economía nacional como la energética o la automotriz, traen el tufo del sabotaje oficial, ordenado desde tierras mexicanas.

Juegan con fuego.

Sobre todo en estos momentos críticos, en donde la pandemia tiene a la economía nacional sostenida con alfileres y el actual gobierno ha fracasado rotundamente al momento de generar las condiciones de certeza y confianza para atraer inversión productiva.

Aunque la liga no se ha roto aún, en la diplomacia se aplica también al pie de la letra aquella máxima que asegura que “la forma es fondo”.

En Palacio Nacional, cayó como patada en el segundo tercio del cuerpo la victoria de Joe Biden.

Aunque era el escenario más probable, era el menos deseable para el presidente y su grupo político.

De tal magnitud era el interés de que se concretara la continuidad en la Casa Blanca, que López Obrador, siempre renuente a viajar fuera de México, fue obligado a presentarse en Washington en plena campaña, en un afán desesperado por amarrar el voto de descendientes mexicanos a favor del candidato republicano.

Esa sí, una auténtica sumisión que no cayó nada bien en el eje radical latinoamericano. 

Por eso, era urgente hacerles un guiño importante.

Cuentan los enterados de Palacio que fue el canciller Marcelo Ebrard, quien le vendió a AMLO la idea de echar a andar la “operación Evo”.

Llevar a cabo una misión de rescate del ex mandatario boliviano, quien vivía sus horas más oscuras en ese país.

El gobierno mexicano envió por él en un avión militar y le dio asilo político, apenas 5 días después de la debacle electoral de Trump.

Y de ahí para adelante.

Los dados estaban echados y el viraje, después del discurso del sábado pasado no deja lugar a dudas de dónde se ubicará el país en términos de política exterior el resto del sexenio.

Para bien o para mal, el discurso con motivo del 238 aniversario del nacimiento de Bolívar es un parteaguas en esta administración.

El cruce de una línea de la que parece no haber ya retorno.

A ver si les sale.

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