19-10-2021 11:30:35 PM

La alquimia que murió con “el helicopterazo”

Por Alejandro Mondragón

 

Una operación quirúrgica electoral ofrecería la ruta del voto diferenciado en Puebla.

 

Ya ocurrió en el pasado, el morenovallismo exploró y ejecutó este modelo que más bien era alquimia electoral.

 

Es decir, ese modelo en el que pierden los enemigos y “aliados de ocasión” para llevarse las posiciones de interés para el grupo.

 

El morenovallismo lo hizo en el 2012, en la elección federal, para que perdiera la carta del entonces alcalde panista, Eduardo Rivera Pérez, y que fue el mentado Huevo Guevara.

 

En esa ocasión, favoreció al priista Enrique Doger Guerrero, a la postre “aliado de ocasión” en la elección del 2018.

En el 2013, lo hizo otra vez con los alcaldes para minar la posición panista: Palmar de Bravo, Pedro Morales (PSI); San Pedro Cholula, José Juan Espinosa (Movimiento Ciudadano); y San Martín Texmelucan, Rafael Núñez (Partido del Trabajo).

 

Y en 2018 replicó la fórmula para que perdieran Eduardo Rivera y todos lo demás, a cambio de arrebatar la gubernatura a Luis Miguel Barbosa, de la coalición Juntos Haremos Historia.

 

En esta elección, grupos de Morena nacional y local han apostado por excluir al grupo gobernante de las candidaturas y creen que si alguna posición obtienen, entonces se dará el voto diferenciado.

 

El problema es que ahora no sólo faltan recursos, sino estructura y lo que sí tuvo el morenovallismo: el control absoluto de los órganos electorales.

 

El escenario cambió, pues no habrá proceso más vigilado que el actual. Esa alquimia también viajaba en el helicóptero, aquel fatídico 24 de diciembre del 2018.

 

Sujetarse del clavo ardiente de la imagen presidencial como estandarte de la campaña parece más bien que jugarle a la ruleta rusa.

 

La oposición viene brava y hará todo lo posible para exhibir los yerros y gazapos de lo que ha representado Morena en Puebla.

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