28-11-2021 02:31:11 PM

El regreso de “Los Custodios”

Por Valentín Varillas

 

Retomaron la fuerza que algún día tuvieron y quieren recuperar lo que consideran que por derecho es suyo.

El panismo dogmático, el ortodoxo, se anotó una enorme victoria al romper la alianza que llevaría un candidato común a la presidencia municipal de Puebla.

Ese fue el objetivo que se plantearon a partir de aquel 24 de diciembre del 2018, fecha en la que se decretó la muerte del morenovallismo como grupo político hegemónico en el estado.

Y no debería de resultar extraño, para nada.

Simplemente, están volviendo a su origen, a la génesis de sus usos y costumbres políticos, al modelo de custodios que aplicaron a rajatabla, hasta que un ala disidente del priismo, en el 2010, les arrebató todo, hasta el partido que tan celosamente formaron por décadas.

No importa si sacrifican rentabilidad electoral en el intento.

En la estrategia, es evidente que tuvieron que ceder posiciones.

Ya no son los tiempos del “todo o nada”.

Alianzas con otros partidos en distintas posiciones y el entregar candidaturas a lo poco que queda de los discípulos de Rafael, era el inminente precio a pagar.

Pero para ellos, la capital es la auténtica joya de la corona.

Además de que políticamente viste el gobernar el municipio más importante del estado, la ciudad de Puebla ocupa un lugar muy especial en el orgullo de ser panista.

Invariablemente se remiten a aquel triunfo de Gabriel Hinojosa en 1995.

La primera vez que triunfaban en la capital, en plena época del régimen de partido único y que se la ganaban a uno de los símbolos más representativos de lo más oscuro del priismo, el entonces gobernador Manuel Bartlett.

El de la caída del sistema, el operador del monumental fraude del 88, el que además contaba con la enorme ventaja de un control absoluto del presupuesto estatal, que pudo haber operado electoralmente a favor del abanderado tricolor.

Una auténtica épica, al estilo bíblico, ese que tanto gusta y explotan las buenas conciencias de la más rancia derecha poblana.

Qué más da  que  al final, el primer gobierno panista en la historia de la ciudad de Puebla haya sido un auténtico desastre.

Un trienio a fondo perdido.

Una administración para el olvido.

El acto heroico quedó ahí, para la posteridad, en el pírrico salón de trofeos del auténtico panismo poblano.

Y hoy sigue pesando en el imaginario colectivo de la derecha local.

Por eso iban y al parecer lo lograron.

De ahí su cerrazón y su poca disposición para llegar a acuerdos.

Sienten que por fin regresan los tiempos de gloria que tanto añoraron, mientras el neo-panismo reinó en la entidad.

Y así, como va a suceder en Puebla capital, los custodios blanquiazules no tendrán ningún empacho en ir dinamitando cualquier alianza, coalición o amarre, en cualquier estado o entidad del país, si así conviene a sus intereses particulares.

“Perder elecciones, ganando el partido”-vuelven inevitablemente a operar bajo la   lógica de aquella vieja máxima, parte importante de su mito fundacional.

 

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