09-12-2021 07:47:44 AM

Vacunas, transparencia obligada

Por Valentín Varillas

 

No, los gobiernos en México no tienen una auténtica vocación a la transparencia.

Sucede con todos, de cualquier color e ideología.

Pareciera que la opacidad, está muy arraigada no solo en sus usos y costumbres, sino en su ADN.

La lucha por el acceso a la información, en este país, ha sido titánica.

Por más que el discurso oficial se encargue de vendernos lo contrario.

Quién no recuerda el sexenio de Fox, el que supuestamente terminaría con lo anterior, gracias a su famosa Ley de Transparencia.

Esa que prometió mucho, pero que sirvió para muy poco.

Y es que, en el festejo por este “logro”, se nos pasó leer las letras chiquitas.

 

Esas que les permitían a los sujetos obligados, “reservar” la información más importante, de una manera unilateral y casi bajo cualquier pretexto.

Así fue, ha sido y probablemente seguirá siendo de la misma manera.

Sin embargo, este gobierno enfrenta retos muy especiales en materia de transparencia, diferentes a los de otras administraciones.

Y claro, tienen que ver con la pandemia.

Y de manera muy particular con el programa de vacunación, el enorme desafío de la 4T.

Aquí no debe de haber medias tintas.

Debemos de saber, todos, sin excusa ni pretexto, hasta el más mínimo detalle de este proceso.

No deberían de existir ningún tipo de reservas.

La exigencia de hacer públicos contratos, precios, empresas, entregas reales, metas y número real de vacunados, debe ser masiva, clara y contundente.

Y es que, hasta el momento, no ha sido así.

La contundente realidad se ha encargado, otra vez, de dejar sin efecto el optimista discurso oficial y las vacías promesas de gobierno.

Lo que se vive en la realidad en materia de vacunación no es la que se cuenta en las mañaneras o en los mensajes en redes de los funcionarios principales de este gobierno.

Vacunar a más del 80% de los mexicanos contra el Covid, debería de ser la prioridad más importante en la agenda gubernamental.

Más allá de cuestiones de tipo electoral o político y al margen de los siempre mezquinos intereses, personales o de grupo.

De su éxito o fracaso dependerá, no solo el futuro de la mal llamada 4T, sino la vida y la salud de prácticamente todo el país.

¿Estaremos realmente en las mejores manos para semejante desafío?

 

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