05-12-2020 08:44:36 AM

El fracaso de los superdelegados

Por Valentín Varillas

Iban a ser auténticos virreyes en sus estados.

Personajes poderosos que tenían la misión de sentar las bases de la Cuarta Transformación de la Vida Pública Nacional a lo largo y ancho del país.

Los alfiles perfectos, mimetizados muchos en la figura de Andrés Manuel López Obrador, que llevarían bienestar y mejores condiciones de vida a este pueblo bueno y sabio que se decantó por un cambio radical en la forma de hacer política en México.

Su encomienda principal era la de hacer honrar aquella romántica frase, pieza central del eje discursivo del actual gobierno y que reza aquello de que “por el bien de todos, primero los pobres”.

Pero ya en los hechos, hicieron todo lo contrario.

Fueron primero ellos, luego ellos y hasta el ultimo, también ellos.

Lejos de que su actuar genere beneficios colectivos, han utilizado su cargo como botín personal.

Han sido señalados por los órganos de control interno, por utilizar los programas sociales del gobierno federal, como trampolín político, o bien, como medio para la realización de negocios personales.

Se convirtieron en una patética calca de lo que sucedía en aquellos oscuros tiempos del régimen priista de partido único.

Nada que ver con la oferta de cambio que creímos más de treinta millones de votantes en el 2018.

En el caso de Puebla, quien ocupa el cargo, Rodrigo Abdala, no es ajeno a esta realidad.

Sobre él pesan denuncias diversas por diversos ilícitos.

El más grave y recurrente: el uso de programas sociales con fines electorales y propagandísticos.

La Secretaría de la Función Pública investiga también la comisión de abusos sistemáticos de trabajadores a su cargo, a quienes se les obligó a laborar sin contratos y sin el pago correspondiente de su salario.

Lo más bizarro en el caso de Abdala, es que ni siquiera ha aprovechado el cargo para un beneficio personal, sino de terceros.

Su ostracismo y su bajísimo perfil lo han convertido en una figura de lo más gris en la política poblana.

Y eso que cuando se decidió que fuera el superdelegado poblano, se pensó en él como un contrapeso efectivo al morenovallismo, en ese tiempo el grupo político hegemónico en el estado.

Vaya decepción.

El fracaso no se explica por una supuesta falta de apoyos.

Siempre tuvo la absoluta confianza del grupo más cercano, íntimo y familiar del presidente López Obrador, además del padrinazgo y la tutoría del ex gobernador poblano, Manuel Bartlett.

Simplemente, no quiere o no puede destacar en el servicio público.

O de plano no le interesa.

La SFP debe de llegar al fondo de las investigaciones en contra de quienes representan al gobierno federal en los estados de la República.

Caiga quien caiga.

Seguramente, esta realidad debe ser motivo de preocupación para los señalados, por las consecuencias que puedan haber para sus respectivas carreras y proyectos personales.

Tal vez el único tranquilo sea el poblano, ya que la instancia que lo denuncia, es la misma que exoneró a su tío político por aquel controvertido tema de las multi-propiedades.

 

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