26-11-2020 09:22:36 AM

Caso Videgaray: ¿otra gran simulación?

Por Valentín Varillas

 

La Fiscalía general de la República hizo gala de una muy particular torpeza al momento de solicitarle a un juez, que girara una orden de aprehensión en contra de Luis Videgaray, el personaje más influyente del sexenio anterior.

Expertos juristas en redes sociales hicieron público su extrañamiento, sobre todo a la acusación del delito de “traición a la patria”, el más difícil de probar desde el punto de vista legal.

Lo anterior, da lugar a suponer que, lejos de que se hayan roto los pactos de impunidad sellados entre AMLO y Peña Nieto, lo que realmente vimos fue una gran simulación.

Una monumental tomada de pelo disfrazada de cruzada contra la corrupción.

Así ha pasado en otros tiempos y en otras coyunturas.

En Puebla, por ejemplo.

Rafael Moreno Valle le juró a los poblanos que ajustaría cuentas con quienes, en su óptica, habían cometido actos de corrupción en el sexenio de Mario Marín.

No pasó nada.

O casi nada.

Se encarceló a un perfil prescindible para el marinismo, como lo era Alfredo Arango, secretario de salud en la segunda mitad de aquella administración.

Juran los enterados que la mayor parte del encierro se llevó a cabo en la suite 424 del Hospital Puebla, en condiciones muy favorables.

A la par, se integraron cientos de expedientes en contra de funcionarios de todos los niveles de la administración pública estatal y ninguno de ellos terminó con la aprehensión de los llamados “peces gordos” de ese gobierno.

La puesta en escena tuvo tintes mediáticos, con la supuesta persecución de Javier García Ramírez, uno de los hombres más cercanos y de mayor confianza del grupo de Mario Marín.

Todo un show sazonado de supuestas fugas y de una inexistente ficha roja de la Interpol, la cual se promocionó hasta la saciedad para inventar que al ex funcionario se le buscaba en más de 100 países.

Nada ha pasado, después de más de nueve años.

Al final, los pactos de impunidad pudieron más que todo.

La política nacional, con la poblana incluida, se basa en buena parte en estos amarres y negociaciones, no en un trabajo real en beneficio de quien con su voto ayudó a la llegada al poder de un grupo específico.

Son ajustes entre mafias.

Nada más.

En el caso Videgaray, podríamos ver otro lamentable nuevo capítulo de esta vieja historia.

Los nóveles protagonistas ya nos dieron la primera probadita con el tema de Emilio Lozoya.

Y les salió como querían.

Después de esto, ya todo puede pasar en la surrealista política nacional.

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