29-10-2020 01:18:16 PM

AMLO-Gordillo: viejas rencillas

Por Valentín Varillas

Una lectura primera, básica, elemental, debería arrojar que la relación entre el presidente y la maestra Gordillo tendría que ser magnífica, inmejorable, una luna de miel.

Elba Esther armó un auténtico ejército en apoyo del entonces candidato de Morena en el 2018.

Sus Redes Sociales Progresistas, ideadas y operadas por su yerno, Fernando González y su nieto René Fujiwara, más que defender el voto a favor de AMLO para evitar un nuevo fraude electoral, terminó siendo una compleja y efectiva red de operación que le sumó adeptos a lo largo y ancho del país.

Normalmente, en política, facturas como esta siempre acaban cobrándose.

Y muy bien.

Sin embargo, no parece ser el caso en lo que a López Obrador se refiere.

En su definición de aliados y enemigos pesan más los viejos agravios que los acuerdos cortoplacistas.

Por mucho que lo hayan beneficiado en su momento.

El presidente no olvida el papel que jugó Elba Esther en la coyuntura del 2006, cuando se sumó con todo al proyecto político de Felipe Calderón.

Para muchos que vivieron en carne propia la batalla de aquella época, la maestra fue en los hechos el personaje político más importante en la operación y financiamiento de la campaña del panista.

Un millón de docentes afiliados al sindicato más grande de América Latina, con influencia probada en su círculo familiar y social, se pusieron al servicio del calderonismo.

Además de una red de obtención y manejo de recursos líquidos contra los que ningún candidato podía realmente competir.

Aliados de Gordillo en posiciones importantes en el servicio público federal y en los organismos electorales, cerraron el círculo de apoyos a favor de Calderón.

López Obrador jamás se repuso de semejante golpe.

Recuerda con espantosa frecuencia y a la menor provocación, aquel “fraude electoral” y la forma ilegítima en la que Felipe llegó a Los Pinos.

La elección del 2006 y las complicidades que tiraron su inminente victoria, se convirtieron en la bandera principal de su vida política y la columna vertebral de su proyecto.

Los fatales saldos del sexenio de Calderón, no solo le dieron la razón, sino que reavivaron los agravios.

Hoy que, extrañamente, algunas de las decisiones del INE parecen alinearse peligrosamente a los intereses del presidente, no parece descabellado que a pesar de su alianza de facto, desde Palacio Nacional se muevan los hilos necesarios para impedir que Elba Esther Gordillo tenga su propio partido político.

Las Redes podrían significar una involuntaria competencia en el sector que hoy forma parte del voto duro de Morena.

Además, los constantes vaivenes en la definición de aliados y enemigos que ha caracterizado la vida política de la maestra, no ofrece ningún tipo de garantías a largo plazo al actual grupo en el poder.

Crear un potencial enemigo poderoso, que te reste lejos de sumar, es uno de los peligros latentes en la política nacional.

La historia reciente está llena de ejemplos contundentes.

Paralelamente, con una oposición desarticulada y hecha pedazos, una mayor cantidad de partidos como opción en la boleta del 2021, podría ir en contra de los intereses electorales del presidente.

Con todo lo que habrá en juego el próximo año, para Morena y sus aliados, entre menos, mejor.

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