22-09-2020 01:36:26 PM

Cámaras politizadas

Por Valentín Varillas

 

Les guste o no, el gobernador Barbosa no se equivoca cuando etiqueta a los líderes de los organismos empresariales como sus “adversarios políticos”.

Eso fueron en la campaña del 2018, cuando el hoy jefe del ejecutivo enfrentó al aparato de estado morenovallista.

Apostaron al continuismo, se la jugaron con todo, se incluyeron en la boleta en donde Martha Érika competía como candidata, celebraron abierta y públicamente el resolutivo del TEPJF que la ratificaba como gobernadora y también lo perdieron todo con aquel fatal accidente del 24 de diciembre.

No se prepararon jamás para un escenario diferente.

Así los acostumbraron.

En el morenovallismo, fueron sobajados, amenazados y sodomizados, con lo que se dio una muy interesante purga de indeseables en donde permanecieron únicamente los que podían servir a los intereses de Rafael.

Los demás fueron desechados, al más puro estilo del “úsese y tírese”, una de las filosofías de gobierno favoritas del hoy occiso.

Nada nuevo, si hacemos una somera revisión de su actuar frente al poder político.

Y es que, en su ADN viene el gen de la dependencia absoluta y la sumisión al gobierno en turno, venga de donde venga.

En tiempos del priismo gobernante, durante los sexenios de Bartlett, Melquiades y Marín, jugaron su papel de falso contrapeso, con tibias críticas al poder, a cambio de maletas de dinero en efectivo y convenientes contratos de obra pública, además de la venta de los más diversos productos y servicios al gobierno.

Hoy, las cosas han cambiado y andan descontrolados.

Ante su monumental descrédito, dejaron de ser un factor de importancia real en la determinación de políticas públicas y en el proceso de toma de decisiones en temas directamente relacionados con su actividad.

Por eso, Miguel Barbosa buscó a los auténticos empresarios, a los de verdad, los que están más allá de grillas y rollos políticos, para sentar las bases del regreso a la actividad productiva en la entidad.

Ya lo hemos comentado aquí muchas veces: muchos de los miembros de la élite empresarial poblana están ahí por un malentendido “derecho de sangre”.

No tienen empresa propia, no generan empleos, no pagan impuestos y por lo mismo no aportan absolutamente nada a la vida productiva local.

Pero eso sí, demandan un trato de privilegio.

Ahora, tendrán que reinventarse, estar a la altura de los nuevos tiempo, afrontar el reto de jugar bajo otras reglas y de paso, modificar vicios, usos y costumbres, tal y como ellos se lo exigen al nuevo gobierno.

No les va a quedar de otra.

A ver si están a la altura.

 

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