14-08-2020 09:15:23 AM

Los temas escabrosos

Por Valentín Varillas

Qué bueno que en el contexto de la visita del presidente López Obrador, el gobierno mexicano haya exigido un reporte de la famosa operación “Rápido y Furioso”.

Esa aberración oficial operada por la Oficina de Alcohol, Tabaco, Armas de Fuego y Explosivos de los Estados Unidos, que tuvo como consecuencia la venta de armas a las bandas de la delincuencia organizada mexicana, supuestamente para rastrearlas y así darle forma a operativos conjuntos de combate a estos grupos.

Más de 2 mil 500 estaban consideradas en el programa, pero bajo una logística similar, muchas más fueron vendidas de forma ilícita.

Desde el gobierno norteamericano, se diseñó un multimillonario negocio de venta armas a delincuentes nacionales, que dejó como saldo una logística que sin duda sigue siendo utilizada para garantizar que los grupos de facto cuenten con arsenales de tecnología de punta para realizar sus actividades delictivas.

Conocer a fondo lo anterior, saber con precisión quiénes y cómo se involucraron, desde distintas instancias oficiales en ambos países, explicaría en buena parte de la complicada realidad que vivimos en México en materia de crimen organizado.

Ya de paso, no estaría mal que la delegación mexicana conociera los entretelones del caso García Luna.

Acceso total al expediente, a las declaraciones y datos arrojados por quien fuera encargado de la seguridad pública en el sexenio de Felipe Calderón.

Amarres, complicidades, pactos inconfesables, la rendición total e incondicional de las instituciones del Estado mexicano al Cártel de Sinaloa.

Con todo lo que en su momento implicó y sigue implicando en nuestra vida como país.

Una sociedad perversa al más alto nivel, en donde el propio Calderón tiene mucho que explicar.

Imposible que no supiera que su brazo derecho, el alfil más importante en aquella guerra declarada contra el narco, definida por el propio Felipe como la prioridad absoluta de su gobierno, le estaba entregando el país a “el Chapo” y sus secuaces.

No hay forma.

Mucho menos en un sistema político como el mexicano en donde, más allá del partido del que provengan, los presidentes han sido, son y serán, la voz cantante que lo define todo.

Tarde o temprano, Calderón saldrá a relucir en los testimonios de García Luna.

Ojalá, cuanto antes, se encuentren elementos contundentes, demoledores, que no dejen lugar a dudas o ambigüedades.

Ojalá que también, para sanar como nación, el ex presidente responda jurídicamente por lo hecho en su sexenio ante las autoridades mexicanas, ante el país entero y no solamente ante el gobierno norteamericano.

Ya es justo y deseable que demos el gran paso y seamos capaces de llevar a tribunales a quienes, desde la presidencia, hicieron tanto daño y han gozado de tanta y tanta impunidad.

 

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