14-08-2020 08:34:34 AM

Lalín Riverín Barbosín

Por Alejandro Mondragón

 

Serán las circunstancias, no un acuerdo con el gobernador Luis Miguel Barbosa, las que definan la suerte política de Eduardo Rivera Pérez.

 

Repetir como candidato a la alcaldía todavía es un camino lleno de obstáculos, sobre todo internos y dependientes de las alianzas que se formalicen con otros partidos: Movimiento Ciudadano e incluso PRD.

 

Más que a los panistas, a los morenistas les aterra la opción que Rivera Pérez compita por la alcaldía poblana, de ahí que desde el interior de grupos ajenos al barbosismo diseminen la versión de un Plan B.

 

El desencanto social por el cambio con la 4T más que generar expectativas sobre continuar la ruta, ha traído la añoranza por volver al pasado, a lo que se tenía y funcionaba.

 

Aquí Rivera Pérez lleva ventaja porque fue presidente municipal de Puebla. El problema radica en qué pedirán otros partidos en posiciones para competir con el PAN frente a Morena.

Rivera Pérez tampoco dejará al PAN para pasarse a Morena como su candidato. Quienes lo afirman pierden de vista que el ex alcalde azul pudo hacerlo en 2018. No lo hizo.

 

Fue el mismísimo Andrés Manuel López Obrador, quien lo recibió más de dos ocasiones, para ofrecerle primero la candidatura al gobierno de Puebla y enfrentar a Martha Érika Alonso (q.e.p.d) y después ante su negativa le planteó una posición segura en el Senado.

 

No lo aceptó, porque Rivera como buena parte de los panistas pertenecen a una organización que reclama lealtad y ésta se había entregado (en 2018) a Ricardo Anaya para la presidencia y Martha Érika Alonso a la gubernatura. El enlace fue Marco Adame Castillo, ex gobernador de Morelos.

 

Los morenistas deberían estar más preocupados por los lazos que jamás se rompieron entre AMLO y Rivera, más que en si Barbosa lo tendrá de candidato B.

 

Rivera Pérez incrementó su activismo por su presencia en medios locales de influencia social, lo que debe verse más bien como un aglutinamiento de los dueños de la radio en una figura que hoy les puede plantear una salida ante la insatisfacción que les ha dejado la 4T.

 

La circunstancias definen todo en política. Y los opositores a Barbosa cometen el error desde ahora de jugar en 2021, el 2024.

 

Por eso, buscan maniatar, marginar y acorralar a Barbosa en la elección intermedia, pero pierden de vista que él y su grupo tendrán después de esa elección, tres años de mandato.

 

Y aunque le arrebaten (con fuerzas nacionales) la facultad de voto de su sucesor, no le quitarán la de veto.

 

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