14-08-2020 08:25:38 AM

¿Pelear con los gringos?

Por Valentín Varillas

 

Compartimos cerca de 3 mil 200 km de frontera.

Cuatro estados norteamericanos y seis mexicanos son considerados como vecinos.

Existen cerca de 20 distintos cruces entre ambos países.

Se calcula que, el censo de población que se va a realizar este año en Estados Unidos, arroje una cifra de connacionales que viven en ese país cercana a los 38 millones.

Son nuestros principales socios comerciales.

80% de los productos que se exportan en este país, van para allá.

Hasta el primer trimestre de este 2020, previo a la pandemia, nosotros éramos también sus principales socios comerciales.

El 15.2% del total de las exportaciones de mercancías de Estados Unidos, tuvo como destino México.

Poco más de 30 mil millones de dólares mensuales.

La inversión fija bruta en México se desplomó casi 30% de marzo a abril, este año y más de 37% si se compara con el 2019.

A la par, el consumo interno en nuestro país bajó cerca de 20% de marzo a abril de este 2020 y más de 22% en relación con el 2019.

Hoy, más que nunca, la relación con Estados Unidos parece ser la única tabla de salvación para la economía mexicana.

Mucho más en el contexto del nuevo tratado de libre comercio.

Prácticamente, no tenemos mucho de dónde escoger.

A la par, como nunca, el vecino país del norte ha ensayado un discurso racista.

La retórica anti-mexicana ha sido tan intensa, que es fácilmente confundible con una política de estado.

Mr Trump nos ha llamado delincuentes, violadores, traficantes de drogas y demás.

Las agresiones en contra de personas con rasgos mexicanos, legales o ilegales, han alcanzado una frecuencia atípica; preocupante no solo por su alto número, sino por la violencia con la que se llevan a cabo.

Niños, mujeres, ancianos, han sido tocados por el intolerante brazo de la discriminación.

Pagamos muros virtuales y físicos, voluntaria e involuntariamente, lo que ahonda la división y el encono entre países.

El discurso nacionalista en defensa de la soberanía sería lo deseable.

Enfrentar al ogro supremacista con las armas de la dignidad y el decoro, es lo que sugieren los cánones de la diplomacia mexicana.

Sin embargo ¿es esto posible?

Vamos ¿es siquiera deseable?

Por supuesto que no.

Tragarse todos estos ambiguos e idealistas conceptos y bailar al ritmo que nos marque el Tío Sam, será la receta única para evitar el desastre, el colapso, la tormenta perfecta, el auténtico tiro de gracia.

No habrá de otra.

Así ha sido siempre.

Algunos argumentarán que, en otras coyunturas muy específicas, por lo menos se guardaban las formas.

Hoy, por los rasgos tan específicos de personalidad, tanto del anfitrión como del invitado, esas formas estorban, molestan y sobre todo, restan mucho más de lo que podrían llegar a sumar.

“Tragar sapos y mostrarse feliz haciéndolo”- es la nueva norma de la relación bilateral.

Las maromas para buscarle la dignidad a todo esto, serán de antología.

Qué nervios.

 

 

 

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