06-07-2020 10:51:49 PM

Igualarse con Calderón

Por Valentín Varillas

 

Aunque era de todos sabido, la declaración del presidente en donde reconoce abiertamente que él mismo dio la orden de liberar a Ovidio Guzmán, tiene varias implicaciones.

De entrada, las legales.

Por mucho que se haya tratado de un control de daños encaminado a minimizar el número de muertos en el fallido operativo, en los hechos, con la orden de dejar libre al hijo de El Chapo, el jefe del ejecutivo federal violó la ley.

Esa que es fría y de observancia obligatoria, aun en coyunturas tan complicadas como esta.

Es evidente el hecho de que otros presidentes han hecho lo mismo y con reivindicaciones muy distintas.

Lejos de tener la supuesta intención de “salvar vidas”, inauguraron en México auténticos narco-gobiernos: perversas sociedades con la delincuencia organizada, con el objetivo único de enriquecerse ellos y sus principales colaboradores.

Así se convirtieron, en tiempo récord, en millonarios tasados en miles de millones de dólares.

Por eso, el arranque de honestidad, o desliz declarativo, deja sin efecto la columna vertebral del discurso de contraste que obsesivamente ha ensayado AMLO desde su llegada al gobierno.

Compararse invariablemente con otros presidentes, siempre desde los principios y la óptica de una supuesta superioridad moral.

Con Felipe Calderón, sobre todo.

Los señalamientos reales y justificados en el sentido de que en aquel sexenio, el panista permitió que las instituciones del estado fueran deliberadamente infiltradas por los poderes de facto, tomaron mucha fuerza a partir de los juicios de Joaquín Guzmán Loera y Genaro García Luna en los Estados Unidos.

Sobre todo en el segundo de estos procesos legales, quedó bien claro que el apestoso tufo de los amarres, desde lo más alto del poder político, con el Cártel más poderoso del país, el de Sinaloa, más que una leyenda urbana utilizada para atizar el golpeteo político, fue una realidad contundente al margen de cualquier duda.

Ahora, después de la aceptación de cómo se manejaron las cosas con el caso Ovidio, acusar a Calderón de llevar a cabo pactos inconfesables con los más malos de los malos, va a perder mucha fuerza en términos de opinión pública.

Simplemente: López Obrador se igualó con Calderón y de paso mató a la gallina de los huevos de oro de una retórica con enorme potencial en términos de rentabilidad electoral y de posicionamiento de su imagen.

Si a esto le sumamos aquellas imágenes que inundaron las redes sociales, en donde se ve al presidente, solícito y humilde, saludar de manera afectuosa a la mamá de El Chapo, abuela del beneficiado con su liberación, el resultado es desastroso.

¿Para qué aniquilar el argumento más sólido que de diferenciaba de los demás presidente?

Seguramente eso mismo se preguntan los asesores de imagen y políticos de López Obrador.

Porque sí existen, son reales y cobran por su trabajo.

El problema es que AMLO, como a todos los demás, de plano ni los pela.

Va por la libre.

 

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