26-02-2020 01:44:18 AM

Breves de un criminal dispendio hospitalario

Por Valentín Varillas

 

Durante el sexenio de Rafael Moreno Valle, se realizaron trabajos de mantenimiento o ampliación en varios centros de salud y hospitales poblanos.

Para ello, se invirtieron cientos de millones de pesos del erario estatal.

Con el anuncio de estas acciones, había elementos para concluir que, aquel gobierno, tenía como una auténtica prioridad el mejoramiento de la infraestructura de salud, en beneficio de los más necesitados.

No fue así.

Al final, programas como éste acabaron siendo el pretexto perfecto para la realización de millonarios negocios al amparo del poder.

Y es que, 31 centros de salud y 4 hospitales considerados en estos programas de mantenimiento y ampliación, poco tiempo después dejaron de operar y fueron “reemplazados” por otros, construidos en diferentes predios de las mismas comunidades.

Por ejemplo, el centro de salud de Amozoc.

Entre 2011 y 2013, se llevaron a cabo ahí distintos trabajos de mejoras, que tuvieron un costo de $2,082,570 pesos.

En el discurso oficial, se justificó la inversión con el argumento de que, con ese dinero, aquel centro quedaba listo para atender las necesidades de salud de los habitantes de ese lugar y de zonas cercanas.

Sin embargo, paralelo a esto, se aprobó el proyecto de construcción de un nuevo centro de salud que tuvo un costo de $29,276,040 pesos.

¿Y entonces?

Si se tenía la intención de anular el que ya estaba operando ¿para qué el gasto inicial?

Si usted es de los que encuentra elementos para “justificar” que un gobierno tire a la basura un poco más de 2 millones de pesos, le presento otro ejemplo.

A ver si éste sí le parece escandaloso.

En apenas un año, de 2011 a 2012, en el Hospital General de Acatlán de Osorio se realizaron trabajos de ampliación, por un monto de $58,942,124.74 pesos.

Misma justificación discursiva: con estas obras se dejaba ya listo para dar un servicio de primera a los poblanos que viven en esta zona del estado.

Poco después, en el 2013, de manera por demás extraña, se determinó la “obsolescencia” de este hospital y se procedió a la construcción de uno nuevo, que terminó costando $193,494,351 pesos.

¿Qué tal?

Si con estos ejemplos, todavía no le parece que lo anterior es un auténtico crimen, imagine que este mismo esquema se aplicó al pie de la letra en otros 33 hospitales y centros de salud.

Vaya dispendio.

Y vaya negocio también.

Los contratos se adjudicaron a empresas de cuates, compadres y prestanombres y por cada peso que se gastó, puntualmente se cobraron las consabidas comisiones.

Fueron los auténticos años maravillosos para aquella pandilla que gobernó el estado y que saqueó descaradamente sus arcas.

 

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