06-12-2019 02:24:23 AM

Y sí, se vino el alza. Mafia vs. 4ª. Transformación

Por Rodolfo Rivera Pacheco

 

Luego de semanas de especulaciones y madruguetes de los concesionarios, finalmente habrá aumento a la tarifa del transporte público urbano de Puebla y zona conurbada.

Después de 8 años de no haber alza del costo del pasaje, ahora sube a $8.50 en los mentados “Micros” (camioncillos destartalados que suben pasaje como si fueran vagones de tren) y $8.00 en las “Urban” (antes y ahora “Combis”, nombrecito de la furgonetita de la VW que quedó para la posteridad, pues aunque descontinuado el modelo hace muchos años… sigue habiendo algunas, igual de destartaladas que los Micros y demás marcas).

Desde hace unos cincuenta años usé transporte público en Puebla. Mi madre me llevaba en los viejos camiones urbanos al mall de entonces, el “Centro”, donde compraba desde telas (en Almacenes “María”) o frutas y legumbres en el mercado de “La Victoria” o ropa y juguetes en el “Woolworth” que aún existe, en el “5,10,15” o en la única tienda de “autoservicio” que había, “Astor”, Centro o Avenida. Años después llegó “Blanco” (en lo que hoy es el Vips del hermoso edificio de “Fábricas de Francia”), que luego se instaló en el Toreo de Puebla (que derribaron, allá por la UPAEP hoy) y con el tiempo lo compró Gigante y luego hoy son tiendas Soriana o Chedraui.

Recorrí Puebla en los viejos camiones urbanos identificados con colores de las diferentes líneas: Los Verde-Pistache San Manuel, los Verde San Antonio, los Rojos San Matías, los Azul Aviación-Panteón, los Café Mirador-Los Ángeles y varias más. Eran chatarras ambulantes, con asientos rotos, sucios y con elocuentes letreros como “Todos los niños pagan”, “Prohibido escupir”, “No distraiga al operador” o “Anticipe su parada” o “Toque el timbre”.

Digo, para que vean que sí los usé (y con mis hermanos esperábamos ansiosos que nos tocara un boleto con número “capicúa”).

Con el aumento de la población y el crecimiento desordenado de Puebla, las viejas chatarras, caras y difíciles de mantener, fueron siendo sustituidas por unidades pequeñas, baratas y que podían ser usadas para el transporte de pasajeros con algunas modificaciones. Así llegaron las “Combis”, que con el paso de los años también se convirtieron en carcachas sucias y repletas de pasajeros, mujeres y niños apretujados como podían, pero todos pagando su respectivo pasaje. Luego llegaron los “Micros” y otros tipos de camionetas, pero con la constante de que en poco tiempo son inservibles basuras circulando… pero cobrando.

Desde hace 50 años el transporte público en Puebla es pésimo y asqueroso. Ningún Gobernador ni Alcalde lo ha podido componer porque la mafia de los dueños (los inefables “concesionarios”, antes “permisionarios”) siempre ha hecho prevalecer sus intereses. Poca inversión, choferes sin prestaciones, unidades repletas… negocio millonario redondo.

Sí, el problema del transporte público no es exclusivo de Puebla. En todas las grandes ciudades del mundo existe y lo han resuelto de distintas maneras… cuando hay buenas autoridades: Trenes subterráneos (“Metro”), transportes articulados (Metrobuses, bueno no vaciladas), Tranvías eléctricos, hasta llegar a municipalización del transporte y el Gobierno ofrecer el servicio. En algunas partes han funcionado las soluciones y en otras no tanto. Todo depende del gobierno y… de la mafia de concesionarios.

Sí, porque eso son los concesionaros: Una mafia que controla al menos unas 40 mil unidades que diariamente circulan por las calles y avenidas de Puebla. Los choferes tienen que entregar diario “la cuenta” (de 700 u 800 a 1,500 o 2,000 pesos, dependiendo de la unidad y cupo posible), y ellos se quedan con “el resto” sin ninguna prestación, seguro, garantía y tienen que entregar la unidad con tanque lleno de gasolina y reparando cualquier desperfecto.

¿Por qué aceptan los choferes esas condiciones leoninas? Porque no hay empleos obviamente y porque en buenos días pueden sacar algo de lana y medio ir sobreviviendo.

Por eso también hay muchos jóvenzuelos conduciendo unidades… pues no tienen familia qué mantener o preocupaciones médicas de hijos o cónyuge. Y de ahí la poca preparación técnica o educación vial: Unos cafres mal educados al volante, sin más compromiso que “llegar a tiempo a checar”, e ir jugando carreras con sus compañeros cafres y peleando y agrediendo a otros conductores particulares, pues es el “triunfo” estúpido del día.

Entonces volviendo al tema de la “cuenta” y haciendo un  promedio mínimo, el dueño de la unidad recibe unos 1,000 pesitos diarios (por turno, o sea unos 2,000 en realidad), que si sé hacer multiplicaciones son unos 60,000 pesos al mes, libres de polvo y paja.

Y aunque usted no lo crea, hay dueños que poseen decenas de unidades (dicen que algunos hasta más de cien), que si seguimos con las multiplicaciones estamos hablando de centenas de miles de pesos AL MES de utilidades (porque repito: NO pagan gasolina ni reparaciones, ni prestaciones, ni sueldo como tal a los choferes).

¿A poco no es un negocio extraordinario? O bien.. Si no fuera negocio…¿Habría tanto concesionario llorando que no se les autoriza el aumento al costo del pasaje? Ya hubieran dejado el negocio y se dedicarían a otra cosa ¿no?

Pero la cosa no para ahí. Si no fuera negocio (como pregonan los sufridos concesionarios…) ¿Ustedes creen que habría políticos dueños de unidades? Ellos son expertos buscadores de oportunidades de negocio, ¡¡por favor!!! Hay una bola de políticos que todos conocemos, que aprovecharon sus relaciones con los últimos Gobernadores, Alcaldes y demás, que ahora son poderosos dueños de cientos de unidades del transporte público.

Lo sé, lo saben… lo sabemos.

No se hagan weyes y que la Virgen les habla.

Los concesionarios hoy lloran porque en los últimos 8 años “no se les autorizó alza a la tarifa”… y es cierto. Ni Moreno Valle, ni Gali (a Martha Érika ya ni le dio tiempo y Pacheco Pulido tampoco quiso cargar con el muertito) quisieron cargar con el costo político del aumento… pero lo que NO dicen es que a cambio de no aumentar el costo, el morenovallismo les permitió que tuvieran las unidades que quisieran, que inventaran rutas a diestra y siniestra y que saturaran la calles con miles de porquerías de unidades. Y obvio, también a cambio de que las pusieran a disposición en jornadas electorales para el acarreo y “operación electoral”, en lo que era experto el difunto.

Ahora Miguel Barbosa sí cargará con el costo político del aumento. La mafia amenazó con paralizar Puebla días o semanas si no se les autorizaba el alza a la tarifa (los afectados serían miles de poblanos que no llegarían a sus trabajos, a comprar la comida, a la escuela o a clases a la Universidad). Y ni modo, el de MORENA tendrá que apechugar…

Pero el convenio con la mafia es que renueven unidades, que las mantengan limpias, funcionales, con cámaras de seguridad, con botones de pánico y muchas cosas más. Es el trato o se les retira la concesión, según declaró ayer el Secretario de Transporte del Estado, Guillermo Aréchiga.

Ojalá lo cumplan, neta. Los dos actores. El día que yo vea que una autoridad efectivamente le retira la concesión a un dueño de unidades del transporte público en Puebla, por mal servicio o pésimas condiciones de la propia unidad (así como cuando vea yo que una autoridad electoral le quita la candidatura a algún listo candidato que viole las leyes electorales), ese día en serio, pido disculpas públicas y me callo mi hociquito.

Pero si sigo viendo las basuras ambulantes circulando por Puebla (como cada año sigo viendo candidatos bribones)… no me lo van a callar nunca.

Es la oportunidad única e irrepetible de un Gobernador (con un bono social indiscutible, de la 4a. Transformación y que está haciendo cosas diferentes como escuchar abiertamente a la gente cada martes…) de pasar a la historia como el mandatario que metió en cintura a la mafia de concesionarios. En serio, espero que así sea.

Acuérdense.

Por cierto, ya vienen encuestitas y encuestotas. Espérenlas.

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