Caso Marín, a fuego lento

Por Valentín Varillas

 

El tema de la aprehensión del ex gobernador poblano, Mario Marín Torres, es para el gobierno de Andrés Manuel López Obrador importante, más no urgente.

A pesar de que se trata de uno de los principales pendientes para la Secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, quien presiona insistentemente para que se cumplimenten las órdenes de aprehensión relacionadas con el caso Lydia Cacho, los asesores presidenciales y quienes monitorean el día a día de la popularidad e imagen del jefe del ejecutivo federal, recomiendan no quemar un cartucho tan valioso.

Por lo menos no todavía.

Una vez sin efecto los amparos que protegían a Marín, no existe impedimento legal alguno para intensificar su búsqueda y localización.

Tampoco para que, si existen sospechas sólidas de que ya abandonó el país, solicitar el apoyo a la Interpol y emita la famosa “ficha roja”, mediante la cual se alerta a corporaciones de 194 países para que colaboren en la detención.

Esa ficha roja que nadie en realidad ha visto, que de plano no se encuentra y que se ha convertido en una leyenda urbana como el Chupacabras o la Llorona.

¿Qué pasa entonces?

Parece evidente que el Dios mediático dicta que, más allá de un tema de aplicación del estado de derecho, lo que realmente importa es esperar los tiempos óptimos para maximizar los beneficios de un arresto que tendría amplísima resonancia a nivel nacional e internacional.

Un muy efectivo distractor de la opinión pública, que puede utilizarse cuando exista un escándalo que involucre a algún destacado miembro de la nueva élite gobernante, cuando se vean oscuros nubarrones que presagien una peligrosa tormenta en el plano económico, o bien, cuando las mediciones registren una caída brusca en los niveles de aceptación y popularidad de López Obrador.

Para todo esto sirve el caso Mario Marín.

Una auténtica joya de enorme rentabilidad política, que por ningún motivo puede desperdiciarse.

Y es que, a pesar de que han pasado ya más de 13 años del escándalo, el poblano sigue siendo considerado el villano público número uno de la política nacional, algo que no cambiará jamás.

El tener a “fuego lento” el tema, esperando mejores tiempos para proceder, es un secreto a voces al interior de la Fiscalía General de la República.

En los círculos de mayor influencia de esta dependencia, inclusive, se reconoce abiertamente.

También es una realidad de la que está consciente la propia Lydia Cacho.

En su cuenta en Twitter, apenas el 19 de junio pasado publicó estas contundentes líneas:

“Una fuente al interior dela Agencia de Investigación Criminal, me informa: ya localizamos al ex gobernador Mario Marín, sigue en México, pero el Fiscal general no tiene interés en su detención ¿y si usted va por él doña Lydia?”

 

 

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