14-12-2019 04:27:16 AM

Adictos al “hueso”

Por Valentín Varillas

 

La rebelión al interior de Morena debe de entenderse bajo criterios de apetitos políticos personales.

Nada más.

Aquí no hay ideologías, principios y mucho menos una vocación democrática.

No, es, simplemente chambismo puro.

Formados en la lógica priista de hacer política –en los sótanos de formación del tricolor-, en el ADN de los revoltosos se encuentra más viva que nunca aquella estrategia de levantar la mano y hacer desmadres, simplemente “a ver qué me dan”.

Presiona, grita, patalea y algo conseguirás.

El priismo vivía amedrentado ante la posibilidad de que, quienes no eran beneficiados con un atractivo premio de consolación, pudieran encabezar un éxodo importante de militantes y simpatizantes que afectaría política y electoralmente al partido.

En Morena no es así.

Ni de cerca.

Mucho menos en el caso de Puebla.

Y es que, con los números en el escritorio y la perspectiva real de votación que se tiene para la extraordinaria de junio, una potencial salida de rebeldes del partido no pondría en riesgo la inminente victoria en la gubernatura del estado.

Tal vez por eso su desesperación.

Saben que no valen lo exigen en términos de posiciones, amarres, acuerdos y sobre todo, cheques al porvenir.

Están conscientes de que hoy, en el presupuesto electoral del Movimiento, son absolutamente prescindibles.

Es más, ya los dan por descontados.

En la determinación de la estrategia de operación de la campaña, se da por hecho que no sumarán a los intereses del candidato, jugarán para la oposición y lejos de lamentarlo, lo celebran de buena gana.

Menos pasivos con los que cargar, en tiempos de definiciones: el pretexto ideal para una necesaria limpia de indeseables al interior de Morena.

Sí, se trata de quienes aprovecharon el posicionamiento del partido y se colgaron de la popularidad de Andrés Manuel, para obtener cargos políticos que de otra manera, en el PRI, jamás hubieran obtenido.

Penoso.

 

Uno soñaba que era rey 

Un morenista estaba feliz aquel 9 de diciembre por la noche, cuando la mayoría de los magistrados del Tribunal Electoral Federal validaron la elección que llevó a la gubernatura de Puebla a Martha Érika Alonso.

En su cálculo perverso, Alejandro Armenta llegó a la conclusión de que a Miguel Barbosa,  la “derrota” lo marcaría de por vida y lo eliminaría de facto de la lucha por la candidatura en el 2024.

Así, por eliminación y no por méritos políticos, él sería el natural, el obvio, el deseable, al que todos aclamarían por unanimidad para por fin, sumar a Puebla a la 4T.

Con el accidente del 24 de diciembre, su sueño político mutó a pesadilla.

Acabó siendo otro pasajero más de aquella maldita aeronave.

 

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