El deslinde que viene, en la 4T

Por Valentín Varillas

 

El monumental abucheo que recibió ayer la alcaldesa de Puebla, Claudia Rivera Vivanco, durante la gira del presidente por la capital, preocupa y mucho.

Más allá de filias y fobias, esta preocupación tiene que ver de manera directa con un tema frío de rentabilidad electoral.

Y es que, lo visto hasta el momento en este ayuntamiento, da materia prima –y mucha- a los adversarios de Morena, para confeccionar una muy interesante campaña de contraste en donde exhiban lo que pasa en el municipio de Puebla, como sinónimo de ineptitud general de los gobiernos emanados del Movimiento de Regeneración Nacional.

Si bien los números publicados en todas las encuestas, muestran una ventaja prácticamente imposible de revertir, el señalamiento constante de las monumentales pifias y omisiones de la actual administración, pueden empañar un triunfo que de otra manera sería impecable.

La reacción del auditorio ante la presencia de Rivera Vivanco sorprendió, de entrada, al propio López Obrador, acostumbrado a estas reacciones en eventos en donde comparte presídium con autoridades emanadas del PRI o del PAN, los actuales villanos favoritos de la política nacional.

Pero no le había pasado con uno de “casa”.

Después, el “peloteo” del tema en redes sociales fue demoledor en contra de la alcaldesa.

Un aval al abucheo casi unánime, roto únicamente por las tibias defensas de algunos funcionarios municipales y de los infaltables “bots”, cuentas falsas habilitadas desde hace un par de semanas que operan a su favor.

La pésima imagen que tiene el gobierno municipal se convirtió ya en una emergencia en términos de opinión pública y publicada.

No tienen que ver temas de consigna o misoginia, como tramposamente intenta pretextar la alcaldesa a la menor provocación.

Siempre será más cómodo culpar a factores externos por la falta de resultados, que llevar a cabo una dolorosa introspección sobre las causas reales de que su gobierno no despega.

Es más, nunca lo van a aceptar públicamente, pero los números de aceptación y popularidad caen ya en picada, realidad que sus asesores intentan hacerle entender inútilmente.

Sí, el bono democrático se agotó, de la mano del blindaje de haber llegado arropada bajo el manto protector de López Obrador.

Colgarse electoralmente de una figura política de ese tamaño, no es lo mismo que tener capacidad para gobernar.

Insisto: ¿cuántos votos hubiera sacado Rivera Vivanco sin AMLO en la boleta?

Quienquiera que gane la candidatura de Morena, tendrá que buscar una manera de deslindarse de este Titanic y de vender implícitamente que esto no es, ni de cerca, la famosa 4T.

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