Panismo y liderazgo moral

Por Valentín Varillas

 

La derecha poblana anda huérfana.

Con la muerte de Rafael Moreno Valle terminó la hegemonía del neo-panismo al interior del partido y aquella época de pragmatismo absoluto, que si bien fue una aberración en términos de ideología y principios, resultó muy efectivo al momento de ganar elecciones.

Ahora, figuras de la derecha ortodoxa han anunciado el inicio de una especie de refundación moral, que se va a basar en el regreso al origen, es decir, a retomar aquellos motivos que movieron a los fundadores del blanquiazul a formar un partido como aquel que vio la luz hace casi 80 años.

Y se busca un líder, alguien capaz de fungir como el guía de un rebaño que ha perdido el rumbo a partir del fatídico accidente del 24 de diciembre pasado.

Los más entusiastas han manejado el nombre de Ana Teresa Aranda como una posibilidad.

Hacen bien.

A diferencia de otros personajes del panismo tradicional -que se acordaron de la dignidad cuando se dieron cuenta que Moreno Valle los había traicionado-, Ana Tere siempre se manifestó en contra de que su partido le abriera las puertas a un grupo de priistas recalcitrantes que buscaba refugio después de haber roto con el marinismo.

Mientras, por órdenes de Felipe Calderón y Elba Esther Gordillo, los líderes y figuras de esa época en Puebla, cabildeaban día y noche para que la militancia y los simpatizantes, aceptaran competir por el gobierno del estado con un candidato que vendía un proyecto de gobierno completamente ajeno al que tradicionalmente enarbolaba el PAN.

Intentaron seducir a la Doña con el canto de las sirenas, ofreciéndole la candidatura al gobierno municipal de la capital -ir en fórmula con Rafael- ya que los números indicaban que era un perfil mucho más competitivo que el de Eduardo Rivera.

No aceptó.
Al contrario.

Sin caer en la traición de jugarles la contra-campaña a los candidatos del blanquiazul, jamás abandonó su postura crítica en torno al giro pragmático que estaba dando su partido.

Y así se mantuvo, hasta aquel “lapsus” -como ella misma lo llama- de haber apoyado el proyecto político de Tony Gali en el 2013.

“El peor error de mi vida”-asegura hasta la fecha Ana Tere a la menor provocación.

Su revancha llegó con su renuncia al PAN y la oportunidad de competir por el gobierno estatal, como independiente, en el 2017.

Aranda buscaba una victoria moral, no aritmética, simplemente logrando amarrar la candidatura, en un entorno de complicidad oficial que volvía prácticamente imposible participar en el proceso electoral local sin la tutela de un partido político.

El congreso local, controlado absolutamente por Moreno Valle, le había dado forma  a uno de los marcos legales más severos en lo que a candidaturas independientes se refiere.

Luego, la complicidad de los órganos electorales poblanos.

La declaración de invalidez de las firmas obtenidas como requisito, en tiempo récord, complicaban el panorama.

Sin embargo, Ana Tere acudió sin dudarlo al Tribunal Electoral federal, como última medida de protección de sus derechos políticos y obtuvo contundentes victorias.

La primera, la luz verde para competir en el proceso.

Después, la redefinición del monto de las prerrogativas que por derecho le correspondían.

Dos valiosas semanas de campaña se perdieron, luchando por simplemente aparecer en la boleta.

El régimen le cobró muy caro la factura por su rebelión.

Una cruzada mediática y legal sin precedentes, que alcanzó a 73 panistas que en teoría habían traicionado a su partido, apoyando su proyecto político y que enfrentaron un proceso de expulsión.

Con todo y eso, Aranda Orozco siguió con su vena crítica en la coyuntura electoral del 2018 y la mantuvo todavía después de la resolución del Tribunal Electoral Federal en torno al caso Puebla, cuando otros supuestos opositores al morenovallismo, al interior del partido, ya se habían ido a entregar.

Es evidente que en política no hay pureza, mucho menos perfección, pero las cicatrices que hoy porta Ana Teresa Aranda, orgullosa, producto de sus batallas frontales contra Rafael Moreno Valle y todo lo que representó, pueden ser una buena carta de presentación para que la congruencia a la que tanto apelan los panistas, regrese a normar el actuar de un partido que hoy luce perdido, una vez muerto su captor.

A ver si a algunos no les dio el síndrome de Estocolmo.

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