Los 5 minutos de Islas

Por Valentín Varillas

 

No, no es broma.

En un momento específico de las negociaciones para perfilar al gobernador interino de Puebla, tomó fuerza real el nombre de Gerardo Islas Maldonado.

Inclusive, en la óptica de la Secretaria de Gobernación –que ya vimos fue muy distinta a la del presidente López Obrador- pudo ser una salida viable ante las posiciones antagónicas tomadas por los grupos interesados.

En el círculo cercano al presidente, se manejaron apoyos específicos a favor de Islas, lo que generó que, por un espacio muy breve de tiempo, sus bonos políticos subieran.

El primero de ellos, vino de las huestes de Elba Esther Gordillo, concretamente de su nieto, René Fujiwara.

Islas supo tejer una relación de amistad muy cercana con Mónica Arriola, la fallecida hija de la maestra, con quien coincidió políticamente en las filas de Nueva Alianza.

Por eso, cuando en el gobierno federal checaron el perfil y preguntaron por él, recibió el aval incondicional por parte de los “Elbistas”.

El segundo apoyo vino de parte de Manuel Velasco, ex gobernador de Chiapas y hoy senador por ese estado, quien, es de sobra conocido, llevaba una excelente relación con Rafael Moreno Valle, a quien se refería como “su hermano”.

A la par de esta cercanía, Gerardo Islas supo trabajar la relación con el chiapaneco, hoy uno de los hombres de mayor cercanía con el presidente López Obrador.

A Velasco le preguntaron y también dio su aval incondicional.

Todo parecía miel sobre hojuelas para el famoso “Tama”.

Enroques, votos y vetos lo ponían en un lugar que jamás se imaginó.

Sin embargo, faltaba cerrar la pinza: era necesaria una entrevista personal con quienes realmente forman parte del círculo de mayor influencia política alrededor de Andrés Manuel López Obrador.

El encuentro, llevado a cabo en la oficina de Julio Sherer, fue, además de muy breve, realmente desastroso.

Duró poco menos de cinco minutos.

Incoherencias, frases sin sentido, una desconexión absoluta de la realidad, fue el demoledor diagnóstico que se transmitió de inmediato a Palacio Nacional.

“Intransitable” fue la conclusión.

Al final, muy poco influyó esta historia en el resultado.

López Obrador tenía ya muy clara la estrategia a seguir en el caso Puebla y no se movió ni un milímetro.

Como “un éxito rotundo” siguen etiquetado lo sucedido en el Congreso poblano, allá en el Olimpo, en lo más alto del poder político nacional.

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