La dupla Bartlett-Yeidckol

Por Valentín Varillas

 

El presidente López Obrador estuvo consciente siempre de lo que tenía que hacerse para arrebatarle al morenovallismo el control político de Puebla.

Nunca dudó, jamás titubeó.

Operó, sin embargo, en dos pistas.

En la del aparente acuerdo, dejó correr a Olga Sánchez Cordero como interlocutora para supuestamente perfilar la continuidad de Rodríguez Almeida como interino y abonar a que el PAN y sus aliados conservaran “por derecho” la posición.

Mantuvo a su Secretaria de Gobernación hasta el final en la mesa de acuerdos, sin relevarla, ni quitarle un ápice de su poder de interlocución.

Le permitió subir y bajar temas, apretar y aflojar en la negociación, como una muy

efectiva técnica de distracción que facilitaría el factor sorpresa.

Paralelamente, su verdadera estrategia la operó a través de Manuel Bartlett y Yeidckol Polevnsky, ambos convencidos de las ventajas de descabezar con un golpe demoledor al grupo político del finado senador y ex gobernador poblano.

Para este par, más allá de cuestiones que tenían que ver con la cordialidad y la cortesía política, había que jugarles con las mismas cartas que ellos jugaron siempre, y con las que pudieron permanecer en lo más alto del poder político en Puebla por tantos años.

Ser demoledor, contundente, efectivo, sin mostrar jamás algún guiño de empatía o misericordia por el enemigo.

Y así lo hicieron.

Operaron y dieron línea, con el tiempo necesario para que nada pudiera salir mal.

Perfilaron la terna final, en aparente desventaja por jugar solamente con un personaje, mientras los adversarios manejaban a dos, para aumentar la confianza de quienes veían ya la continuidad asegurada gracias a los buenos oficios de su “aliada”, la jefa del gabinete federal.

Sin embargo, el nerviosismo del blanquiazul y sus aliados llegó cuando, fuera de todo guión ensayado, los integrantes de la Comisión de Gobernación y Puntos Constitucionales empezaron a descartar perfiles por impedimento constitucional.

Se suponía que, a falta de cuadros que impulsar, Sánchez Cordero había concedido, en la mesa de acuerdos, que el tema de la “poblaneidad” o bien el requerimiento de renunciar a un cargo público con 90 días de anticipación, no serían cartas a jugar por la mayoría de los integrantes de la comisión para eliminar propuestas.

Y fue precisamente al revés.

Los opositores al bloque de Juntos Haremos Historia no tenían un antídoto eficaz para semejante jugada.

Se impuso la mayoría al interior de la comisión y quedó como el único viable el hoy gobernador interino Guillermo Pacheco Pulido.

Fue entonces cuando los morenovallistas actuaron de una forma muy rara, muy extraña, completamente ajena a como hubiera actuado el propio Rafael.

Se sumaron gustosos al voto de la mayoría y lograron una votación prácticamente unánime.

¿Se apanicaron?

¿Se sintieron solos?

¿Ninguno de los supuestos herederos del liderazgo Moreno Valle-Hidalgo Alonso los cobijó?

¿Cómo los domesticaron?

¿No quisieron enfrentarse de lleno al presidente?

Imposible responder estos cuestionamientos de manera inmediata.

Lo cierto es que el malestar en torno al actuar de los diputados panistas en el proceso de selección del gobernador interino caló, en el círculo más íntimo de Martha Érika y Rafael.

En su cuenta en Twitter, Florentino Alonso, hermano de la ex gobernadora, mandó un mensaje demoledor a nombre de su familia.

En él, reprueba el trabajo de Marcelo García Almaguer, coordinador de la bancada blanquiazul y de Genoveva Huerta, líder estatal del partido, a quienes acusa de haber entregado, en horas, “aquello por lo que Martha Érika luchó y logró con el esfuerzo de tantos años”.

Poco después, a través de la misma red social, la propia presidente estatal del PAN anunciaba que García Almaguer sería relevado de la coordinación parlamentaria.

La noche de los cuchillos largos llegó ya, para un grupo político cuyo único factor de unidad era su jefe y líder.

El canibalismo que viene será inevitable y de pronóstico reservado.

Mientras, los duros en el círculo íntimo del presidente, volvieron a imponerse y se anotaron una victoria épica.

Victoria que por cierto, no deja de celebrar el propio jefe del ejecutivo federal.

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