Ni las manos metieron

Por Alejandro Mondragón

 

Todavía seguían calientes los cuerpos de los Moreno Valle-Alonso cuando el líder municipal del PAN, Pablo Rodríguez Regordosa llegó ante el gabinete para reclamar que la posición del gobernador interino fuera para un panista.

 

No hay que dejar lo que nos toca, dijo ante la cara atónita de varios presentes, quienes continuaban en la desolación. Mercedes Aguilar, la particular del senador, había sido llamada para reconocer los restos de Rafael Moreno Valle. A David Rosas Armijo correspondió lo propio con Martha Érika Alonso.

 

Desde ese momento, la causa morenovallista ha sido apabullada. Tampoco quedan restos del PAN y su coalición por Puebla al Frente.

 

El presidente Andrés Manuel López Obrador le entregó el control político del estado a Luis Miguel Barbosa y ayer mismo su Congreso del Estado ridiculizó al morenovallismo, al grado de echar fuera a sus propuestas para el interinato.

 

Con Guillermo Pacheco Pulido, el barbosismo nace y el morenovallismo muere.

 

 

Queda la última opción en el reagrupamiento de todos en torno al ex gobernador Antonio Gali, pero lo que ayer se observó en el Poder Legislativo parece que no les van a dejar nada.

 

El grupo de Barbosa que reemplazó al morenovallismo ya tiene dos de los tres poderes: Ejecutivo y Legislativo y con lazos en el Judicial, de donde viene Pacheco.

 

Dispone de la mayoría de los municipios. La única cuenta pendiente será la alcaldía de Puebla con Claudia Rivera, a quien tienen tachada de traidora. No descarte presiones para exhibir a su entorno más cercano.

 

De nada valió la dirigencia nacional de Marko Cortés y los gobernadores panistas, a quienes les quitaron Puebla con una facilidad que exhibe toda su flaqueza.

 

El gesto más representativo de lo que queda del PAN ocurrió durante la Comisión de Gobernación que definía en el legislativo al interino. El coordinador Marcelo García Almaguer aterrado y refugiado en su celular, mientras la coalición de Juntos Haremos Historia los aplastaba.

 

Una nueva realidad política en Puebla, donde ser morenovallista es sinónimo de impresentable. Sí, como hace 8 años tocó a los marinistas, quienes dicho sea de paso ya están de regreso.

 

 

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